sábado, 19 de noviembre de 2011

Saber oriental

La japonesa de la tintorería inspecciona con detalle el vestido. Busca que no tenga imperfecciones, que no le falten lentejuelas y que no esté enganchado. Me pregunta si lo manché. Le digo que no. Entonces indafa por qué lo quiero dejar. Le explico que es prestado y que lo quiero devolver limpio. Lo huele para ver si se siente sucio, "Te digo por vos, para que no gastes". Le contesto que me lo prestaron, mientras pienso que alguna vez en mi vida tengo que devolverle un vestido limpio. Me siento como Cameron Díaz en la escena de la tintorería en La cosa más dulce.
Acepta tomarme el trabajo junto al mongomery y mientras escribe la orden (cuya copia le queda a ella) me dice varias veces "no la pierdas". Me pregunto cuán importante puede ser la orden si ella tiene copia. Contesto a todas sus advertencias con un "no, no la pierdo".
Cuatro horas más tarde, en mi casa salto del sillon como si me hubieran pinchado, corro a la cocina y me sumerjo desesperadamente en el tacho de la basura: corro papeles, carton de leche, y saquitos de té hasta encontrarlos.
Con precisión y paciencia japonesa encastro y pego una a una las piezas que me devuelven mi orden de trabajo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Me pregunto

qué carajo pudo ofender a mi vecina de abajo que me mira con tanta cara de culo y casi que ni me saluda cuando estoy entrando el auto y ella está ingresando con su pareja; el mismo que hace 4 meses estuvo con el culo en mi bañera arreglando una canilla que me rompieron por un temita de filtraciones de ellos y que ahora mira para abajo como si tuviera prohibido el saludo.
Me cuestiono si se supone que debería haberle vuelto el Fastix que me dió para sellar la bañadera (por donde se iba finalmente el agua) o si acaso tuve algún gesto obsceno desde mi cuarto sin darme cuenta y con la persiana abierta.
Realmente no sé qué es lo que la enojó aparentemente tanto pero es como si supiera que próximamente voy a pintar la reja de mi balcón (del que posiblemente caigan unas pintitas a su patio); pedir en la proxima reunión de consorcio que cambie el consejo de administración (del que forma parte) y quejarme del desastre que dejaron en mi baño por la pérdida en su departamento. Es todo muy raro.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Casi

- Pará que estoy por convertirme en botinera- interrumpo la charla de un amigo mientras trato de entender lo que me dice el flaco que está en la camioneta de al lado.
Sí, sí, me estoy levantando a un futbolista, estoy segura, le digo mientras leo en los labios el "sos hermosa" que me dice el chico rubiojosclarospielbronceada que maneja la camioneta negra de al lado de mi auto mientras me hace señas para que le pase mi número de teléfono.
Mi amigo me hace muchas preguntas juntas y corta apenás se da cuenta de que no puedo contestarle, manejar, no chocar y chamuyarme con mímica un flaco al mismo tiempo.
Con ademanes le digo que sea él el que me dé su teléfono y entonces empieza a marcar con la mano y los dedos los números 221 5... mierda, no entiendo. El transito de la 9 de Julio nos exige que avancemos y yo apuesto a que sale para el oeste por mi camino pero no, sigue para el sur.
Tardé mucho. En un levante de calle hay que tener rapidéz porque no hay rotonda que te devuelva al lugar de la oportunidad.
Mientras subía la curva de canal 13 veía cómo se iba la camioneta negra. Esa que llevaba adentro no solamente a un posible deportista conocido sino también a mi desconocido marido y padre de mis hijos posible.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Lunes y día 21

Freno en el segundo semáforo de la avenida costanera (justo ahí donde siguió de largo el avión de Lapa) abro la ventana y cuando acelero dejo que el viento me pegue en la cara mientras canto y bailo agarrada del volante I may appear to be free but I'm just a prisoner of your love junto a Macy Gray. El track termina justo cuando estoy pasando el único semáforo de la avenida Cantilo y entonces pienso que eso fue lo más que podía esperar de mi día lunes, en la semana de pre indisposición y que lo mejor sería desviarme por el puente de River, retomar Lugones y volver a mi cama a dormir hasta que sea martes.