miércoles, 26 de enero de 2011

Cuando las lágrimas no alcanzan

Aunque algunos la prefieran como forma, la muerte ring raje es de la que más cuesta asumir a los que se quedan. ¿Ou rilly? dirías. Yeah, te contestaría. No me hablés de la muerte que le tengo pánico, me dijiste alguna vez fumando en el hall de abajo y mirando el paredon de la Phillips. Todos tenemos fecha de vencimiento, nos dijimos intentando tapar nuestros temores.
Busco causas tratando de justificar lo injusto, y en el fondo solo encuentro las cosas que me enseñaste, el cumpleaños feliz y otras canciones que me cantaste en portugues, la ensalada de rúcula y huevo que te llevé antes de ayer para almorzar mientras me convencías de irme a Nueva York y me contabas de tus planes; y de ayer a la mañana buscando posadas en Brasil. Pero como la muerte es un corte que siempre deja algo inconcluso, también queda un auto estacionado que veré en tu cochera cada mañana al bajar la rampa, una oficina que sigue empeñada en estar vacía, un cd de Adriana Calcannhoto que nunca te grabé, y un beso que por irme a las cinco en punto como obrera (según vos) jamás te fuí a dar.
Por el banco que nunca robaste, no por escrúpulos, sino por torpe, agradezco aunque hoy me duela haberte conocido.
Lloren perras, nos dirías, lloren por mí...pero que no las vea porque la tristeza me angustia.
Donde quieras que estés, aún sin el implante de silicona grande en el medio con dos pezones que querías que me hiciera, chau Darío.
Chau.

martes, 25 de enero de 2011

Good Bye Universal

El que elige cómo morir decide cómo vivir (o algo así) decía me parece una frase de la película la Hora de los hornos. O tal vez era el Che. Como sea, vos supiste desde el principio que lo nuestro no iba a funcionar. Duramos más de lo que esperábamos, pero ambos sabíamos que una persona tan exigente como yo jamás podría estar con algo tan chico como vos. Hace un año intentaste irte inundandome la cocina. Ahora empezaste a llorar. De haber sido por mí seguramente hubiésemos estado un poco más, pero me parece que es mejor hacerlo ahora que todavía tenes la llama caliente, que hacerlo cuando seas solo chatarra y no quede otra que abandonarte en una crisis de histeria.
Por los baños que tuvimos juntos, por las conversaciones que escuchaste en la cocina y nunca repetiste, por la mugre que soportaste y sobre todo por lo que viste y nunca, pero nunca, contaste.
Good bye termotanque. Good Bye.

Dóoonde valageente cuando llueve...

Aunque muchos creíamos que esa pregunta solamente se la podían hacer dos drogones del rock pisando los ´70 (y otras cosas), tengo que reconocer que es una incognita absolutamente valedera. Recién llovió: mal, pero recontra mal. Como suele ocurrir últimamente, pero con la diferencia de que desde hacía años (muchos) que no me mojaba de esta manera. Un poco fue a propósito y otro poco solo se dió: no es que quise tirar la postal sexy hot pero, aún sabiendo que estaba por llover, me arriesgué a salir sin paraguas. Cuando me retiraba del local en el que estaba comprando veo que el mundo se estaba viniendo abajo: las veredas al borde de inundarse; los cordones eran un río sin remanso y solo algunas personas se resguardaban bajo las marquesinas de los locales (que en breve, y gracias a Macri, vamos a dejar de tener). Y entonces me encontré haciendo la mismisima pregunta que se hicieron Pedro y Pablo hace más de cuarenta años: ¿dónde mierda va la gente cuándo llueve? Porque puedo asegurar que en una zona hipertransitada como La Rioja y Caseros, la gente no estaba. Pero no es que estaba desperdigada bajo los techos: no estaba.
Justamente hace poco había leído una observación bastante acertada sobre el tema de la lluvia y sus efectos en el orden de prioridad de la gente. Resulta que en donde debería preservar el instinto de superviviencia las prioridades se desordenan y entonces corremos escapándonos de la lluvia, cruzamos una calle inundada, saltamos un charco o una baldosa y hacemos todas esas cosas que definitivamente atentan con nuestra vida, con tal de evitar que la lluvia nos agarre. Ahora, esto de darme cuenta de que cuando se produce una tormenta la gente desaparece en tan solo minutos me hace entender por qué razón invertimos el orden de las prioridades y nos escapamos de la lluvia...y entonces Pedro y Pablo dejan de ser dos fumones para convertirse en dos visionarios de su década.

Achicharrada

Me levanté viéndonos bailar una noche, en alguna playa del caribe, con mucho calor, mucho ritmo, mucha bebida, mucha diversión y sobre todo mucha salsa caliente; y con la posibildad de irnos del lugar cuando no aguantáramos más y hacer eso que nos sale tan bien juntos, en la orilla del mar o en una habitación de penumbras nocturnas, ventanales altos y cortinas que se vuelan con la brisa.
De repente creo que me comí una película, y también que me levanté un poco hot.
Pero me parece una forma muy creativa (además de neurótica) de soportar este calor agobiante.

Cuestión de hormonas

Cuando el que se queda o se va me llamaba para ver las correcciones, la sola frase "A ver R (en su formato de diminutivo), vení" me generaba los efectos adrenalínicos de no saber con qué te iba a salir; porque podía ser que se le hubiera ocurrido en ese preciso momento corregir la presentación que le había dejado en su escritorio desde hacía dos semanas hasta que me contara algún chisme laboral, entuerto familiar o simplemente me pidiera que lo ayudara a buscar por internet la cosa más insólita que se le había ocurrido. A veces también podía salirme mal y volvía con una hoja y media de cosas para hacer, pero el efecto sorpresa nunca faltaba.
Cuando La mina que me aburre tanto me llama para ver unas correcciones, en cambio, me genera un efecto anti dopamínico casi tan grande que siento que los músculos se me entumecen, la creatividad se me anula, la autocensura me aumenta junto con el letargo y me da tanto pero tanto sueño escucharla que aparentemente me duermo y al final del día no sé en qué consistió el diez por ciento de mi presentación que dice haber hecho ella.

sábado, 22 de enero de 2011

Clarísimo

Hablando con mi padre en su balcón sobre la vista que hay en su departamento y la necesidad que tengo de un poco de sol confirmo lo que me sospechaba:
- Al final con esto de ponerte cerca de tu hermana te encerramos en un departamento que no tiene siquiera vista a la calle.
Confirmado: la elección de mi casa no fue exactamente mía.
Igualmente nos hacemos cargo y no nos quejamos, eh! No cualquiera tiene la posibilidad de que lo "pongan" a uno en un departamento a su nombre; y estamos agradecidas por eso.
Pero el temita de la dilación o paja hogareña e imposibilidad de ponerle libido, empieza a ser un poquito más clara.

jueves, 20 de enero de 2011

Martín Lousteau

Me lo crucé por primera vez el viernes pasado en un restaurante.
Hoy a la tarde, mientras daba vueltas en el Falabella del Unicenter, veo que viene caminando en frente mío. Casi, casi que estaba vestido igual que la otra vez: bermudas de jean saparrastrosas, pelos disgreñados y ese look informal de haber abandonado el traje y la corbata junto con la jura.
Los dos nos miramos a los ojos un buen rato pero como venía con una mina del estilo modelo, rubia, bronceada querrajalatierra a ambos nos pareció que no daba y seguimos caminando como si nada.

Los avances de la terapia

Sé que hay alguna patología psiquiátrica (la cual por supuesto en algún momento intenté atribuirme) que tiene que ver con pensar insistentemente en que las cosas pasan en la vida por algo, como si el mundo se confabulara contra uno y lo atentaran.
Recién llego, después de haber hecho mi primer miércoles chico, y me encuentro con que el termotanque está pinchado y que una gotita persistente cayó durante todo el día mojando lo que había en la mesada (incluyendo la planchita de pelo que quedó de la mañana).
Podría pensar que mi casa no está acostumbrada a estar tantas horas sin mí, o que alguien me castiga cuan pecado por mi after office. Sin embargo lo que pienso es que mañana voy a tener que salir de raje a comprar un calefón porque este termotanque de mierda ya no da para más.

miércoles, 19 de enero de 2011

Las mil y una veces

Cuando me reclama que lo dejo peor y le digo que es el gancho me compara con las mil y una noches.
- Entonces ella le cuenta un cuento todas las noches que nunca termina para que no la mate.
No conocía bien la historia pero ahora que la sé quizas encuentre parecidos con Sherezade: además de compartir la estrategia ambas intentamos evitar que nos mate el sultán. Y de paso, si se puede, dar a luz también a tres hijos.

martes, 18 de enero de 2011

Herencia

Nací de un espermatozoide médico y un óvulo kinesiólogo. Mi vida estuvo rodeada siempre de chaquetas. Las hubo blancas radiantes, blancas amarillentas por el uso, blancas grisáseas por el trajin, verdes y alguna que otra más. Y hoy en un acto altruista, o una repetición del síntoma, me traje una chaqueta que me dieron de muestra en el trabajo para lavarla y probar su calidad. En un acto también inconciente parecería ser que la colgué en el respaldo de la silla esperando que durante la noche se secara pero recién, cuando iba del baño hacia la cocina, me dí cuenta que la chaqueta, así colgada, con los bolsillos con vistas azules, es la chaqueta de mi mamá.
Los últimos años que vivimos juntas recuerdo que cada noche colgaba su chaqueta en las sillas del comedor y la cartera en la mesa, como si fueran las dos únicas cosas que no podía olvidarse. Era casi un rito obligado. Imagino que si alguna vez se acostaba sin hacerlo sería capaz de levantarse hasta poner estos objetos en su lugar y poder volver a dormir.
Entonces cuando ahora miro la chaqueta me acuerdo de mi madre y me genera algo raro; y me digo: ah, la chaqueta de mamá , pensamiento que corrijo en seguida con un ah, no, no es la chaqueta de mamá. Así que vuelvo a pasar del baño a la cocina y me digo lo mismo; y la miro de reojo y pienso lo mismo; y la vuelvo a mirar porque imagino que en algún momento se va a gastar la sensación pero me sigue pasando lo mismo. Algo así como atravesar la angustia del octavo mes pero a los treinta y uno: acá ta mamá; acá no.
Ya es la novena vez que paso por la chaqueta y estoy segura de que cuando escriba el punto final acá me voy a dar vuelta para verla. Porque seamos sinceros: es preferible jugar a la angustia del octavo mes que cargar con la angustia de saber que preparamos la chaqueta y la cartera de la misma forma en que lo hacía mamá, a pesar que después en la terapia nos hagamos las locas.

Silencio hormonal

Tendría que empezar a hacer un cruzamiento entre el periodo hormonal y la creatividad o poca capacidad de escritura. O quizas también tenga que ver con hormonas y escacéz de conflicto.
Tendría que empezar.
Porque esto de no tener nada que escribir para mí que no es casualidad.

miércoles, 12 de enero de 2011

Alunizando

Algo está pasando que hoy a las 5 de la tarde estaba haciendo Juncal - Riobamba, ida y vuelta e ida y vuelta otra vez, con los lunares que me faltaban en el cuerpo dando vueltas en mi cartera. Las cosas se desordenan así de fácil y mi vida está demasiado desordenada para una semana sin psicóloga.
Me dió dos frasquitos transparentes: uno decía muslo y el otro decía dorso. En cada uno flotaban mis lunares. No tengo experiencia de andar transportando pedazos del cuerpo (ni siquiera el PAP) así que la situación me resultó tan desagradable como curiosa a la vez. Entonces en el ascensor, antes de dejarlos, quise sacarles una foto.
La foto no salió, pero la imagen la tengo pegada en la retina y desde entonces estoy media nauséosa.
Juro que no sé en qué momento mi vida tomó este rumbo.

Celebro la sinceridad

pero hay momentos. Y cuando estás panza abajo, acostada en una camilla, con Pervinox en la espalda y una parte de ella dormida, que el cirujano plástico te diga con los guantes puestos y el bisturí en la mano "que lástima que tenga que arruinarte la espalda porque la verdad es que tenés una muy linda y esto te va a dejar una marca importante" no es un buen momento. Claramente no lo es.

martes, 11 de enero de 2011

Seguí participando

Este año empezó un poco rengo, como si mi base de equilibrio -ya de por sí bastante inestable- estuviera aún más enclenque. Igualmente no quiero hacer generalizaciones a tan solo once días de haber empezado el año. Así que supongamos que tiene que ver solamente con haberme despertado una hora tarde (o haberme quedado una hora dormida) y eso -sabemos- nunca puede terminar en un buen día (y aquí sí cabe la generalización). Por eso justamente hoy me confirmaron que no hay lugar para mí en el trabajo al que me quería ir y por supuesto (para sumarle más dolor a la tristeza de la noticia) aprovechando que iba a la prepaga a autorizar la quita de lunares de mañana, pasé por el vacunatorio y -ya que estaba- me apliqué una vacuna. Como recompensa, mientras me masajeaba el hombro y dejaba que el viento secara mis lágrimas por todo, me fui a la feria de las pulgas de Dorrego a buscar los muebles de mi comedor (que aún no encontré pero creo que es el lugar en donde puedo hallarlos).
Y resulta que por ahí nomás, cuando volvía, tenía enfrente el arco iris. Pero a mí los colores no me engañan más y ese enanito con la carretilla llena de monedas de oro que se vaya a la mierda!

A Rainbow (sin Brite) End

lunes, 10 de enero de 2011

Je suis â meretriz

Prendo los veladores con pantalla roja que no sirven para otra cosa más que para ésto; acomodo algunas chalinas que tengo colgadas por la habitación; ordeno el cubrecama para que se vea enredado entre las sábanas de una manera que no sea ni tan perfecta ni tan desprolija, y que simplemente invite; hago sonar el llamador de ángeles de vidrio con forma de luna que adquirí ayer; aromatizo las cortinas con fragancia peach; me pongo un culotte con tira de cola rosa oscuro, con líneas en plateado brillante y encaje negro que me regalaron hace poco; me suelto el pelo, me miro al espejo y digo: Ya estoy lista para dormir como una meretriz.
Al fin de cuentas, todas soñamos alguna vez con ser meretríces pero de esas que a la primera vez que lo van a hacer por dinero resulta que terminan haciéndolo por amor.
Una nunca sabe cuando es ese momento, por eso hay que tener las fantasías no solamente ensayadas sino también escenografiadas.
Et cette noit je suis á meretriz.

Oiga Doctor

Como me tengo que sacar dos lunares dudosos hoy fuí al cirujano plástico (sí, sí, me arrimo a las siliconas) para conocerlo y que él conozca mis lunares. -¿Tomás alguna medicación? - Sí, Clonazepan -le contesto -¿Y, por qué? - Por cosas de la vida. - Sí, ejem, la vida , acota incómodo por mi respuesta cortamambo. - Duele doctor? (así leído parece guión de una porno, pero juro que no) - No más que ese arito que tenés en la naríz. No sé si seguirá existiendo el encuadre médico/paciente, pero en ese consultorio claramente no estuvo.

Casi

Volvíamos en la ruta callados, escuchando La Metro. Unos kilómetros atrás nos habíamos reído de mis lentes de sol y de la posibilidad de ver la vida en color sepia; pero ahora iba manejando él, muy serio, como si estuviera lejos. La distancia suele resultarme atractiva. Le acaricié la pierna y él apoyó su mano sobre mi mano, me sonrió y siguió mirando la ruta, tierno y distante a la vez.
De los tres días que habíamos pasado juntos ese fue el único momento en que sentí que podía llegar a amarlo.

domingo, 9 de enero de 2011

Consecuente

Cuando éramos chicas nos cuidaba Marta. Nunca supe bien si ella limpiaba y a veces nos cuidaba o nos venía a cuidar y mientras limpiaba. Marta estaba casada y tenía dos hijos adoptados que eran hermanos entre sí. El marido de Marta no sé bien a qué se dedicaba pero sí recuerdo que a veces nos regalaba cosas y tengo entendido que las tres tazas de plástico con bombilla con forma de helado que había en casa venían del lado de él. Creo que eran dos rosas y una amarilla, al menós la mía era una rosa y teniendo en cuenta que siempre me tocaban las cosas igual a mi hermana más grande o igual a mi hermana más chica, seguramente la distribución de colores fuera así.
Esas tazas estuvieron en la casa de Mamberti durante muchos años y después se ve que las tiramos y desde entonces nunca, pero nunca más, recordé que las habíamos tenido hasta hoy que las ví en un local muy moderno del Tigre. Imagino que las venden como kitsch. A mí me siguen resultando tan horribles y odiosas como cuando las tenía pero ahora se les suma un noséqué.

jueves, 6 de enero de 2011

Algunas cosas positivas del trabajo

Que el edificio queda en Panamericana y Gral. Paz, y que para llegar tengo que pasar a las siete y media de la mañana por la Costanera Norte, a 70 km/h, con las ventanillas abiertas, el sol entrando en el auto y la brisa moviendo mi pelo alisado; mientras Sabina me canta -y yo lo acompaño en los coros- "ven a la 69 punto G, cuando te canses de crecer y los sueños tarden en venir..."
Creo que es lo más cercano a la libertad que se puede sentir cuando uno se está yendo a trabajar.

miércoles, 5 de enero de 2011

Lugares y No lugares

Para Merlau-Ponty no somos la suma de la mente y el cuerpo, sino una conciencia corporizada, y sería a través del cuerpo que podemos conocer (al entablar una relación de familiaridad con el mundo que permite ligarnos a nuestro mundo personal).
Aunque me haya mudado a mi departamento hace casi tres años, cada vez que estoy en la cama cerca de dormirme o en estado de vigilia, siento que estoy en la casa de Caaguazú. No se trata solamente de ruidos y sonidos familiares, sino de una especie de memoria o conciencia corporal que parecería haberse quedado allá. Entonces estoy acostada y siento que la ventana que ahora está a mi lado derecho, está en mis pies; que la cama está en el medio de la habitación y la puerta en el costado izquierdo; que los ruidos del perro de mi vecina son los de Yanka; que el cierre del ventanal del departamento de abajo es el que teníamos en el comedor o el del quincho (según cuán lejos suene) y que los autos que pasan por la calle son los de la Av.Sarmiento. Me cuesta varios segundos despertarme y acomodar mi conciencia corporal al nuevo espacio físico. Así que cuando me doy cuenta de que eso está pasando, con los ojos cerrados voy llamando de a poco a mi cuerpo y me acomodo con la ventana a la derecha y los pies mirando a la puerta. Y el cuerpo, que es obediente, vuelve rápido y entiende que estámos en Cátulo...aunque parecería ser que hay algo de allá que aún no quiere abandonar.

martes, 4 de enero de 2011

Cejas Cerini

Estoy convencida de que la coquetería es un modo de ser y que se hereda, pero también se aprende. Mi madre siempre fue una coqueta medida: arregladita, con tacos pero sin grandes glamoures. Por suerte me enganché leyendo un blog de una mina bastante coqueta, en el cual al pasar, me enteré de que existe una técnica de depilación de cejas y que no es la misma para cada ojo, por eso conviene ir a peluquerías para que te den tu estilo, y recomendaba Staff Cerini.
Obviamente pedí turno en la sucursal del Dot. Siento que me estoy convertiendo en una mujer patética pero no quiero quedarme en la instancia de la duda, así que pruebo todas las formas que hay de ser mujer.
Cuando llegué claramente sentí que ese lugar no me pertencía y mientras esperaba, me incomodaba la posibilidad de encontrarme a algún conocido.
Me atendió Clara, que parece que la tenía bastante clara, aunque había hecho una excepción porque ella no solía depilar cejas (me lo dijo después de hacerlo).
"Quiero que me mires las cejas y me digas si están bien o no. No sabía que había expertos en ésto", digo estúpidamente.
Me acostó en la camilla, se puso los anteojos y diagnóstico: "bastante bien, aunque acá te mandaste un par de líos". Durante quince minutos hizo lo que pudo: emparejó, cortó y explicó. ¿Ves acá? Tienen que llegarte hasta acá , y terminar acá. No te las toque más y seguítelas así.
Aja. Como buena alumna presté atención a todas las instrucciones.
Cuando salí sentía que todo el mundo miraba mis fantásticas cejas.
Mi amiga Flor me pide que me saque una foto y se la mande por el celular.
- No noto diferencia
- Yegua
- ¿Querés que sea yegua? Te noto con unas bolsas terribles abajo de los ojos h d p!
(Me miré en el espejo grande de casa)
- Sí, tenés razón, no hay diferencia, lo cual habla muy bien de mi conocimiento intuitivo respecto al tema depilación cejas.
Prefiero decirle que tengo el sello de garantía Cerini a reconcer que me cagaron $ 23 pesos.
Igual a mí me gustan y cada tanto voy al baño a peinármelas.

domingo, 2 de enero de 2011

New year, yeah, shit!

No le dije nada al año que se fue ni le pedí nada al brindis del que vino.
Por primera vez en mis 31 años me fuí a recibir el nuevo año en una quinta en Luján, con una amiga y otros conocidos. Exogamia absoluta. Decisión charlada con la psicóloga y tomada por ella como un acto de salud mental.
De nuevo me dicen en mensajes que "este año va a ser tu año", lo cual me preocupa un poco porque los últimos tres años también iban a ser mi año, pero vamos a ponerle fichas a uno que decía "más éxitos en el 2011 y si la brujita la pega, 1 más 1: DOSSSSS, que se cumpla".
Quizas algo de razón tenga: anoche cuando llegué dos eran los mensajes que me había dejado mi viejo al celular para que le avise si llegué; dos (mi viejo y mi abuela) son los que inauguraron el pire del 2011 en mi familia; dos son los días que me faltaban para ir a mi primer sesión del año a charlar sobre los costos de la exogamia (de los que no faltan, por supuesto, la figura de la hermana muerta). Anoche soñé con Eusy, un setter irlandes que teníamos, que aparecía muerto y atropellado en su cabeza por un tren. Mañana la psicóloga se hace un panzaso y más cuando le diga que el llamado del mediodía de mi padre (al que contesté de muy mal humor) incluyo algo, sobre no sé qué, del cementerio donde estan los restos de mi hermana.
Así de conchudito. Así empezó el año.
Menos mal que estaba en jurizdicción de Dios!