domingo, 28 de agosto de 2011

Temporada de rollers 2

El día me generó una necesidad imperiosa de salir a andar en rollers, así que después de muchos meses volví a esas escalinatas frente al yatch club de Puerto Madero, me calcé los rollers y salí a rollear.
Dí 3 vueltas porque había mucha gente que esquivar y la seguridad la había dejado un poco en el camino. En la tercera vuelta y media me senté en una de las sillitas de los café del dique 4 y me pedí un cortado con tarta de ricota. Mientras me quitaba los patines pensaba que debía ensayar una forma de sentarme con ellos más armónica, en la que el peso lo controle yo y no la silla que me ataja.
Después de una hora, volví a mi casa; y aunque limpié el auto y seguí frenéticamente por el piso del departamento (quien mañana recibirá a mi esperado sofá) no pude evadirme del sindrome domingo por la tarde, ese que viene acompañado de la plancha de ropa, la organización de la cartera, el qué mierda me cocino y ahora un nuevo sintoma: el dolor de panza terrible que me agarra cuando estoy cerca de volver a trabajar.
Como en las viejas épocas. Como si la terapia, las drogas y la edad no hubieran pasado.

Secretos de familia

Mientras estoy en el baño escucho que el timbre del portero suena dos veces cortitas y no puedo ir a atender. Imagino que en la entrada del edificio están mi hermana con mi sobrina, llamandome porque seguramente Mora este agarrada a los barrotes de la reja, al grito de tiá,tiá, tiá mientras mi cuñado saca el auto.
Imagino también que ante la no aparición de su tía, mi hermana le debe estar explicando que aunque son las 13 hs su tía debe estar durmiendo porque anoche se acostó tarde porque es joven y soltera.
Probablemente Mora se haya calmado con la explicación y le haya sonado coherente. Y está bien que así sea, porque ya va a tener tiempo de enterarse que su tía los sábados a la noche miraba Sábado Bus y se clavaba un clonazepam que la dormía hasta el otro día al mediodía.
Mi hermana lo sabe pero son secretos de familia que solo se develaran más adelante. Como cuando me enteré muchos años después de que la razón por la cual mi tía se levantaba de la mesa para ir al baño en cada almuerzo familiar no era porque tuviera digestión rápida sino más bien porque era una bulímica.

martes, 23 de agosto de 2011

La Gran P

Después de varios intentos de hacer el censo de la UBA por internet para mantener mi condición de alumna vitalicia pero regular de dicha institución tomo fuerzas para acercarme a la maldita sede de Marcelo T, epicentro de la rosca más insoportable de mi facultad. Haciendo la fila en la ventanilla de alumnos escucho que a los que están antes que yo con el mismo problema los mandan a completar una hoja de empadronamiento que hay al costado, atestada de nombres, deneíes, y teléfonos que salen hasta por los márgenes. Pregunto por las dudas si con eso alcanza y me contestan que entre el jueves y el viernes tengo que intentar volver a censarme por internet. Otro estudiante que esta destrás mío avisa que hizo este trámite hace una semana y que sigue sin poder hacerlo. Tenés que tener paciencia y seguir intentando hasta que te lo tome, contesta repitiéndo impunemente tené paciencia. Paciencia. Bajo las escaleras infames de un día de la semana a las 7 de la tarde, mientras me repito Paciencia. Salgo a la calle y mientras camino hasta la esquina mascullo la palabra Paciencia. Ya cruzando la calle estallo ante mis propios pensamientos y digo: ¿paciencia hijos de mil puta? hace 11 años les tengo Paciencia! La UBA es el emporio de la Paciencia, Sociales es la facultad de la Paciencia, comunicación es la carrera de la Paciencia. A esta altura debería estar recibida en del posgrado de la Paciencia. Una cuadra después me pongo en una actitud más conciliadora y pienso que estamos a mano: otra institución me habría dado de baja la matricula 5 años atrás, que serían más o menós cuando debería haberme recibido. Paciencia Mientras espero que el jueves me suban al padrón y pueda censarme.

sábado, 20 de agosto de 2011

Lugares équivocos

Mientras miro desde una posición privilegiada al cuadro de danzas que acompañan el show de tango contemporáneo que está dando Eleonora Cassano, mis compañeros de mesa bromean y dicen que me limpie la baba que se me cae al mirar a los bailarines que están frente a mis naríces. Levanto la vista y pienso que los que no son decididamente gay es cierto que están buenos. Pero vuelvo al piso a mirar los movimientos de piernas y pasos de tango, y solo me doy vuelta para decirle a mi compañera que definitivamente yo quiero dedicarme a éso, y no a ésto, ¿me entendes?

jueves, 18 de agosto de 2011

Esa soy yo

Seguramente otro tipo de mujer estaría desde hace dos horas probandose el outfit para el evento de mañana; haciendo los tratamientos de belleza apropiados (como pintarse las uñas, depilarse y demáces); relajarse para que la cara luzca relajada y alguna otra cosa más. Pero el tipo de mujer que soy es de aquellas que sale del trabajo y se va a hacer la compra mensual al supermercado (porque resulta que por fin el banco decidió darnos descuento los jueves); frena en el respuestero de automóviles abierto 24 hs (sí, increíble) y compra una taza del auto que perdió hace dos meses; entra al edificio y hace cuatro viajes del departamento a la cochera para subir las bolsas y en el último baja guantes, una tijera y se dedica a colocar la taza que compró (porque la necesita para mañana). Lucha media hora con una taza cuya colocación debería ser simple (dado que ya le robaron como cuatro de un tiron); pasa indiferente a los dos hombres que transitan por la cochera y que a ninguno se le ocurre preguntar si necesita ayuda; sube las últimas dos bolsas que le quedan en el baúl; entra el tender a la habitacion y pone a secar la ropa que lavó ayer y que quedó desparramada por el living; guarda todas y cada una de las cosas que compró; limpia los innumerables fideitos de Ave María que se desperdigaron por el suelo al romperse el paquete (odio saber que voy a pisar fideos perdidos por al menos una semana); pone a hervir arroz y se sienta en su computadora a escribir en el blog mientras hace un break para lo que le sigue: limpiar el baño (porque mañana quizas tenga visitas), acomodar la ropa, repasar medianamente la casa con un trapo, cambiarle los botones al saco, probarse los zapatos, realizar los tratamientos de belleza necesarios, cenar y acostarse.
La mujer que elijo ser aparentemente no sabría establecer prioridades o más bien, el orden de las mismas estaría algo cambiado.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Finde largo de Agosto

Los fines de semana largos del 17 de Agosto sin duda fueron los más significativos. Cuando estaba de novia esos días siempre salía costa. La mayoría de ellos estuvieron sellados con una anécdota: como El año de las pizzas, en que nos fuimos con amigos a Mar de Ajo de los cuales uno era fanático de la cocina y preparó pizzas de todos los gustos para un batallón, mientras jugábamos al truco y anotábamos en los debe y haber de las cuentas el "Rebeca debe Pete". E l anterior o el siguiente habían terminado con una parrillada en la membrana de la terraza de la casa que nos habían prestado y noches de mucha Tía María para pasar el frío. Mar de Ajo en invierno es lo peor que puede existir en el mundo en términos de aburrimiento pero a mí me sentaban bien, siempre nos las ingeniábamos para reirnos mucho. Creo que fuimos hasta tres años seguidos, incluyendo aquel que la noche antes de partir choqué el auto de mi ex y apodaron Pumbita. Después empecé a irme con mi ex novio a Mar del Plata, como una luna de miel: nos ibamos a un hotel que era de mejor categoría en comparación que los que solíamos ir (tenía sommier y plumón) y nos dedicábamos a caminar y disfrutar de la intimidad de la pareja. El 16 de Agosto cumplíamos aniversario y el 18 cumplía años el ex novio de mi amiga, así que para lo que a mí eran unos días bárbaros para ella era una tortura ya que se fumaba el festejo que siempre terminaba con un par de borrachos, el ex tocando la batería y la madre sacando los cancioneros para hacer una peña. Flor odiaba eso aunque las veces que estuve disfruté de ese momento de música que solamente se daba en la casa de Jota Eme (como lo llama ahora que pasó al destierro).
La vez que fuimos a Mar del Plata en el 2004 recuerdo haber vuelto con una alegría inmensa de la vida que solo duró hasta que crucé el umbral de la casa de Caaguazú y me enteré de que mi hermana más chica no pensaba lo mismo que yo y había elegido ese finde para hacer su primer intento de suicidio (al menos manifiesto). Yo no lograba entenderla y esa noche, sentadas en mi cama, la reprendía como a una nena diciéndole que estaba muy enojada con lo que había hecho y tratando de convencerla de lo fantástica que era la vida. Al otro día llamé a la psicóloga y retomé la terapia que nunca más abandoné. En el 2005 intenté ganarle a la culpa y de nuevo nos fuimos a Mar del Plata, pero entonces el shock del año anterior estaba inscripto en mi memoria y me la pasé llorando más de lo que pude sonreir.
Ese mismo fin de semana pero del año siguiente comenzaba las primeras tomas del antidepresivo. Para ese entonces yo ya me había separado de mi novio y mi hermana finalmente había conseguido matarse.
Desde entonces no hubo más findes de Agosto especiales y solo en un intento de reivindicación volví a Mar de Ajo en el 2009 con un amigo (y ex amigo de mi ex) con el que terminamos teniendo sexo acto casi de resentimiento absoluto hacia el pasado y de dedicación exclusiva a nuestros "ex".
Nunca había historiografiado los fines de semana largo de Agosto hasta recién, así que solo puedo cerrarlo con un "uau" y una inspiración que solo podré largar cuando apriete el mouse en publicar.

domingo, 14 de agosto de 2011

Espionaje al voleo

Mi amiga me dice en un mensaje de texto que en la escuela a la que fue a votar está llegando la gemela mala. Acto seguido me llega un mail con una foto de una desconocida y una leyenda que dice "es lo más que pude acercarme para fotografiarla".
Me rio del ingenio de mi amiga y las casualidades de la vida. La historia de las gemelas parece que era así nomás. Siempre pensé que era un delirio de ella, pero parece que realmente tiene una hermana gemela que es gorda y que es mala y que por eso no la quieren y la ignoran (en palabras más o menós fieles de mi amiga).

-Pero yo nunca escuché eso ¿estás segura?- -Te digo que sí nena-. Y tenía razón.

sábado, 13 de agosto de 2011

El comienzo

Mi amiga me cuenta de una situación en la que su hijo de 4 años empieza a darse cuenta en qué radica la diferencia fundamental entre hombres y mujeres:
Entonces fui al baño con él porque no podía dejarlo solo y le pedí que se diera vuelta para no mirarme.
-¿Por qué má no puedo mirarte el pitito?.
- Porque las mujeres no tenemos pitito, tenemos vagina: los hombres tienen pito y huevos y las mujeres vagina, le contesta en una prácticidad y didáctica que admiro de mi amiga.
Pero estábamos en la sala de espera llena de gente, sentados y veo que con su mano hace como un pecesito y me quiere tocar ahí.
Qué haces hijo, le pregunta.
Quiero tocar tu vagina.

jueves, 11 de agosto de 2011

Tobi, el chico con alas

Creo que fue a partir de esa película que las alas puestas en cuerpos humanos me dan impresión. No me molestan las alas de los pájaros ni las alas metafóricas en cualquier otra situación, pero la combinación cuerpo humano-alas de ave me impresionan y me generan una angustia inentendibles.
Cuando era chica tuve una etapa en la que estaba convencida de que me estaban creciendo las alas. Creo armé la fantasí el día que me dí cuenta de que los huesitos de mis omoplatos erán más pronunciados que el del resto de mis amigas y hermanas. Lejos de celebrar que finalmente podría volar como en mis sueños, me agarró un pánico y una angustia terribles que hicieron que durante bastante tiempo me la pasara yendo cada tanto al baño a mirarme en el espejo para ver cómo iba el crecimiento de las alas que por supuesto daba por sentado.
Hace poco salió una publicidad de un desodorante de hombre en la que cae un un angel del cielo al que le van cepillando las alas. Y entonces me acuerdo inmediatamente de Tobi, de mis omóplatos y la angustia de ese momento, y utilizo la técnica de mi sobrina cuando no le gusta algo: apago la tele hasta que pasa.
Prática y resolutiva.

Panza, pancita, zapan

El martes a la madrugada me desperté abruptamente transpirando, sintiendo que me bajaba la presión. Estaba acostada pero gracias a mi amplia trayectoria en la lipotimia tengo la posibilidad de identificar los sintomas hasta en la vigilia. Cinco segundos después de tomar conciencia de que me estaba bajando la presión, estaba diagnosticando que eran a causa de retorcijones.
No recuerdo otro malestar mayor que me inhabilite de tal manera como un maldito retorcijon de panza. Los putos espasmos se adueñan de mi sistema vagal y me desencadenan inmediatamente una cascada de sintomas que incluyen hasta el deseo de morir si con eso se terminara el dolor.
Transitar esa situación es uno de mis mayores temores de vivir sola, porque entonces se me presentan varias decisiones a tomar la cual cada una debe estar debidamente planificada porque tiene consecuencias. Entonces, ruedo en la cama hasta llegar al cajon en donde tengo la Buscapina Compuesta con dipirona (porque a mi no me agarran con drogas blandas), saco un comprimido, voy agachada hasta el baño, un poco para mantener la contraccion de la zona que aminora el dolor y otro poco para estar más cerca del suelo si nos desmayamos; ingiero el comprimido con agua de la canilla, me siento en el inodoro y mido el piso. Porque el piso del baño es uno de los lugares que me dan cierta tranquilidad: está al lado del inodoro y está al lado de la ducha por si necesito calmar con agua caliente el dolor.
Así que el martes me acosté en el piso del baño, y esperé a que el circulo: espasmo-dolor-sudor frío-baja presión-finalización del espasmo-fin el dolor-recupero de la presión- bienestar, finalizara (despues de una media hora) y pudiera volver a la cama, rapidito antes de que vuelva otro espasmo y quedarme absolutamente inmóvil, esperando que la Buscapina nos rescate de la muerte.

sábado, 6 de agosto de 2011

Histerias de seducción

Cuando me dice en ese momento estábas en otra pienso que probablemente haya sido así, aunque recuerde el momento en que se le cayó -o dejó caer- el menú y al levantarlo, mientras subía, rozaba sútilmente con el filo del mismo mis piernas que esa noche se veían tentadoras.
Probablemente nunca le cuente la verdad de aquella vez, porque cuando me dice en ese momento estabas en otra me gusta recordarlo y contestarle impíamente que tiene razón.

viernes, 5 de agosto de 2011

Empezar por el final

Mientras me baño pienso en esas palabras que diría en el momento en que las cincuenta personas del piso me rodean convocadas por un mail secreto de "A las 4 nos juntamos en la impresora para entregarle las flores a fulana". Mi oficina tiene ese ritual de despedir a quienes renuncian con un ramo de flores y esperar que quien se va diga unas palabras. Durante muchos años el pensar en ese momento me generaba un escalofrío por ver que dejaba en ese lugar a personas que quería mucho. Hoy cuando lo imagino, intento en pensar quién podría llegar a darme el ramo de flores (usualmente es la persona más allegada a quien se va o la más valiente) y me entristece saber que no quedan más de tres personas de quien me gustaría recibirlas. "Entonces se hace más conciente el darme cuenta que cumplí un ciclo y en que es el momento de partir". Pienso que la palabra ciclo es una buena palabra para justificar la partida, porque no hace recaer la responsabilidad en nadie más que el tiempo y la vida. Pero claro, en el contexto en que lo digo me hace sentir una desagradecida con los que sí están. Por otro lado me molesta perder la oportunidad de decir lo que realmente siento y porqué me voy. Así que cambio las palabras y esbozo un "Les agradezco por haber sido durante muchos años como una familia", pero tampoco me parece justo, ya que a una gran parte casi ni la conozco (porque es nueva) y mi verdadera familia se fue. En ese caso sería mejor decir"tuve una familia que de golpe se la llevó un huracán y no sé quien carajo son ustedes". Ensayo con una última frase que diría "Prefiero irme ahora que todavía les puedo decir hasta luego a irme mañana con un adiós". Me felicito a mí misma por la capacidad de sintesis lograda en esa metáfora, pero creo que solamente la podría entender otro chiflado que haya estudiado Comunicación.
Conociéndome lo más probable es que el día que me vaya solo diga gracias inmersa en un mar de lágrimas propias. Pero creo que pensar en las palabras de despedida es un buen comienzo para decidir la retirada.

Todos por un glúteo

Fui a mi clase de pilates y era la única asistente. Así que aprovechando el espacio íntimo y la clase personalizada me animé a confesarle al profesor mi secreto más profundo: que no sé trabajar los gluteos y que cuando hago los ejercicios nunca logro ponerlos en acción.
Como si fuera un proyecto personal de él, me empezó a probar todo tipo de ejercicios para ver si era cierto lo que decía o no. Nada. Los gluteos no se movieron. Trabajaron cuadriceps, gemelos, espinales, abdominales o lo que fuera que haya servido para compensar el ejercicio pero el ardor ese que se siente solamente cuando se trabaja el glúteo en mí no aparece.
Absorto ante semejante situación y después de haber hecho múltiples intentos decidió llevarme a la plataforma vibradora (esa que se comercializa como la responsable del culo de La Cirio), creyendo que en ésa mis glúteos se rendían.
Me duele todo y quedé hecha pelota pero mis gluteos ni se enteraron.
Rendido aceptó que efectivamente mis gluteos no responden a los estímulos.
Cuando me voy le agradezco la clase intensiva.
Gracias a vos por el desafío que me trajiste, me contesta.