viernes, 5 de agosto de 2011

Todos por un glúteo

Fui a mi clase de pilates y era la única asistente. Así que aprovechando el espacio íntimo y la clase personalizada me animé a confesarle al profesor mi secreto más profundo: que no sé trabajar los gluteos y que cuando hago los ejercicios nunca logro ponerlos en acción.
Como si fuera un proyecto personal de él, me empezó a probar todo tipo de ejercicios para ver si era cierto lo que decía o no. Nada. Los gluteos no se movieron. Trabajaron cuadriceps, gemelos, espinales, abdominales o lo que fuera que haya servido para compensar el ejercicio pero el ardor ese que se siente solamente cuando se trabaja el glúteo en mí no aparece.
Absorto ante semejante situación y después de haber hecho múltiples intentos decidió llevarme a la plataforma vibradora (esa que se comercializa como la responsable del culo de La Cirio), creyendo que en ésa mis glúteos se rendían.
Me duele todo y quedé hecha pelota pero mis gluteos ni se enteraron.
Rendido aceptó que efectivamente mis gluteos no responden a los estímulos.
Cuando me voy le agradezco la clase intensiva.
Gracias a vos por el desafío que me trajiste, me contesta.

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