Creo que fue a partir de esa película que las alas puestas en cuerpos humanos me dan impresión. No me molestan las alas de los pájaros ni las alas metafóricas en cualquier otra situación, pero la combinación cuerpo humano-alas de ave me impresionan y me generan una angustia inentendibles.
Cuando era chica tuve una etapa en la que estaba convencida de que me estaban creciendo las alas. Creo armé la fantasí el día que me dí cuenta de que los huesitos de mis omoplatos erán más pronunciados que el del resto de mis amigas y hermanas. Lejos de celebrar que finalmente podría volar como en mis sueños, me agarró un pánico y una angustia terribles que hicieron que durante bastante tiempo me la pasara yendo cada tanto al baño a mirarme en el espejo para ver cómo iba el crecimiento de las alas que por supuesto daba por sentado.
Hace poco salió una publicidad de un desodorante de hombre en la que cae un un angel del cielo al que le van cepillando las alas. Y entonces me acuerdo inmediatamente de Tobi, de mis omóplatos y la angustia de ese momento, y utilizo la técnica de mi sobrina cuando no le gusta algo: apago la tele hasta que pasa.
Prática y resolutiva.
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