Y bueno, así, tranquila, no tengo nada más que contar.
Habían pasado solo 20 minutos y yo ya no tenía qué más decir. Podría haber sido el calor, que era fin de año o que no dejaba de tomar agua de mi botellita cada vez que necesitaba fumar. Lo interesante es que a la sesión "entre fiestas" de los últimos cinco años siempre llegué arañando la puerta y esta vez sentí que me estaba dando el alta a mí misma.
Menós mal que Moni te la rema y te la rema...y entonces nos pusimos a hablar de Para vestir santos; de los capítulos que nos perdimos. Me contó parte de las historías que yo no sabía y coincidimos con que empezó muy heavy y terminó muy bizarra, pero que entre capítulo y capítulo había un par de conversaciones muy interesantes. Y sí, que te digo que no sé exactamente quién era cada una pero que las tres en su conjunto tenían una mezcla de lo que podríamos ser nosotras tres. Y entonces una cosa llevó a la otra, y otra a la otra y ahí estaba, una vez más, hablando de lo que ya creía que tenía un poquito más superado.
Cuando salí me fuí a cenar con mi papá y a la salida del lugar ví que estaba cenando en la puerta el primer chico que me transé y que había sido mi novio por tres días. En realidad tardé una vereda en reconocerlo.
- Vos sabes que en la puerta está cenando mi primer novio?
- El que hacia boilas de fraile?
- No, no, el primero, pero no me acuerdo del nombre.
- Ay las mujeres, que crueles! Van dejando como lanchas al pasar agua a sus costados...como Teresa.
- No papá, no me llores de nuevo el tango del abandonado.
Podría haberle dicho que el que me había dejado fue el flaco pero tampoco era cuestión de andar disputando el papel de abandonado.
Mientras caminábamos recordé que se llamaba Pablo y lo habíamos apodado"orejas". Era Pablo Orejas.
Tampoco se lo dije. Una cosa es mantener la frente en alto pero otra, muy distinta, es reconocer que una es Cruella de Vil.