Desde hace quince años cada vez que voy a depilarme se repite la misma secuencia: cuando me hacen pasar saludo con un hola impersonal, me desvisto mientras le digo cavado y/o tira según la ocasión y me acuesto en la camilla. Cuando terminan, me levanto, me visto, pago y cuando me voy (a diferencia de cuando entro) saludo con un beso.
Por eso no sirvo para el sexo casual: quince minutos con las piernas abiertas y sin la bombacha me alcanzan para armar vínculos donde no los hay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario