domingo, 12 de diciembre de 2010

Como un perro

Cuarenta y ocho horas ininterrumpidas de tos profunda y punsante, nos deja la materia gris con burbujas, producto del movimiento. Así que en este momento espumante me he hallado con ciertos pensamientos, a saber:
1-Por no sé qué número de vez más, vuelvo a decir: Basta, me retiro acá ahora que aún conservo algo de dignidad, a pesar de que los recuerdos indignos sean tentadores. Los indignantes mejor ni los recordemos...
2-Al bidet en el baño solo lo extraño por ser el lugar en donde pongo las bombachas sucias hasta que termino de bañarme, y en donde apoyo el pie mientras me corto las uñas.
El resto no sé si es falta de costumbre o que realmente no lo necesito.
3- Siendo el país de la venta de medicamentos sin recetas o lo que es peor aún, siendo que tengo recetas vacías selladas por mi padre, me pregunto por qué mierda no me compro un corticoides sabiendo que es eso lo único que nos va a calmar la tos en un corto tiempo a pesar de que los dos médicos consultados insiten en que mejor no. Debería parafrasear a una conocida y contestarles "este es mi cuerpo tambien".
4-Mi madre me pregunta si el saber que es la última materia no me da energías para hacer lo que tengo que hacer. Tirada en la cama, con una almohada en la cabeza por el dolor y harta de toser le contesto que me chupa un huevo la facultad. "Ah, entonces no te queres recibir" me acusa.
No madre, me chupa un huevo lo que vos pienses de mi relación con la facultad.
5-Intentando hacerme vapor en un baño que sabemos no condensa vapor por el agujero que compartimos con el vecino, me doy cuenta que mi panza le gana en tamaño y curvatura a mis pechos. Ahora entiendo a los hombres cuando se desesperan porque la panza nos les deja ver el pito. La desigualdad es estructural, no jodamos, eso de que la naturaleza tiende al equilibrio es puro chamuyo.

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