martes, 22 de junio de 2010

Sabía que ésto iba a pasar

Lo había olvidado, pero ahora recordé que el año pasado, cuando mis vecinos trajeron sus dos hermosos y peludos hijos -Nico y Lila- en un momento me pregunté...¿qué será de mí cuando entren en celo?
Esto: escucharlos aullar, aullar y no parar de aullar.
Mientras tanto intento escuchar una entrevista a Wanda Nara para acercarme a la representación de la mujer en el fútbol a través de la figura de la botinera.
Y los perros aullan.

lunes, 21 de junio de 2010

Un helado y un blog

Salté de la cama cuando recordé que tenía helado en la heladera. Daba vueltas y vueltas sin poder dormirme y me parecieron que el helado y mi blog podían ser una buena combinación somnífera.
Será que a veces las cosas no se dan simplemente por casualidad o porque no se tenían que dar?
Ultimamente me cuestiono bastante este tema. Soy más bien de las que piensa que cuando una está convencida de lo que quiere las cosas se dan, pero si hay una mínima duda es suficiente para que no ocurra.
No voy a decir que la vida es así porque sería exigirle una esencia que no tiene. La vida no es. O en tal caso, no es por fuera de lo que te interpela. Porque no hay una vida como tal, sino un conjunto de manifestaciones que nos van interpelando.
- Che voi?-
- Qué queres?-
- Que dejes de escapar y me escuches...

viernes, 18 de junio de 2010

El hombre que empieza a interesarme me dice

"No hay tensión más que en el gozo que te genera tenerla"
Yo: Tengo una gran capacidad para gozar en el malestar
El hombre: "Sos buena en eso pero se te nota que te moris de ganas de obtener placer en el bienestar.
Te generas la falta, la deuda y te quedas por ahí, gozando tu sintoma.
Cuando dejas el gozo de la falta y te logras pasar al placer de lo que hay, la vida se vuelve algo maravilloso, fascinante".
Fuí a clase. Se cortó la luz.
Podía quedarme, pero huí.
La facultad comienza a generarme otro tipo de palpitaciones, que no son las previas a un final.
El hombre que empieza a interesarme puede que tenga razón.

jueves, 17 de junio de 2010

¿Eh??

Llevo un poco más de diez años estudiando una carrera. Eso me provocó cierta soberbia académica que me hizo pensar que a esta altura no había nada más que pudiera ofrecerme.
Error. Cuando menós te lo imaginas, porque nunca se te ocurrió, pasa algo.
Algo raro y movilizante a la vez, algo que te da una experiencia nueva. Algo que te dice que siempre hay algo más.
Algo así, como lo es, que tu docente te confiese que a pesar de que hayas ido a cursar unas pocas clases, fueron suficientes para llamarle su atención y pensar que el lunar que tenés sobre la boca es hermoso. Además de haber buscado una excusa para escribirte un mail y de no saber por qué lo hace, pero haciéndolo al fín.
Y entonces te recuerda situaciones que para vos fueron intrascendentes pero para él no, como una sonrisa o a la forma en que estabas vestida determinado día.
Es decir, a un cuatrimestre de terminar la carrera, tu docente te dice que le gustas.
Siempre recuerdo a una profesora del secundario que nos decía que lo último que hay que perder en la vida es la capacidad de asombro.
Estoy asombrada.
No solamente porque mi profesor me tiró los perros. Sino, porque hasta entonces, pensaba que le gustaban los hombres.
Parece que no.
(¿o tendré que cuestionarme el modo en que construyo mi identidad?)

domingo, 13 de junio de 2010

El Padre Tocho

Le pusimos así porque la última vez que me dijo de vernos, a la media hora me mandó un mensaje cancelando la cita porque se había acordado que tenía que escribirle una carta a su hermano que se había ido a un retiro espitritual religioso.
De más está decir que no acepté el cambio de fecha ni para el otro día ni para cualquier otro día en esta vida. Las mujeres que tratan de homosexuales a los hombres cuando tienen una actitud que no les gusta no son de mi agrado, pero qué otra cosa puedo pensar de alguien que elige escribir una carta para un retiro espiritual vs. cojer?
Obviamente que no voy a decir que el tema era que no me quería cojer. No, no. Vos me llamaste chiquito, algo de ganas tenías!
Era raro. Tenía una cara muy bonita y un cuerpo que, aunque no era mi estilo, daba.
Era muy atento y parecía muy dulce. Lo conocí en un recital por medio de gente en común y después no recuerdo cómo me termino escribiendo por mail varios días hasta que quedamos en vernos.
En realidad quedé. Un viernes, mientras nos escribíamos en el trabajo, le propuse vernos en ese momento.
Justo ese día tenía el auto de mi vieja así que lo pasé a buscar por Cabildo y Juramente. Es raro pasar a buscar a un hombre, que solo viste una vez en tu vida y cruzaste un par de mails, por una esquina. Pero esa actitud a veces vende. Vende seguridad por ejemplo, de la cual en realidad carezco. Lo cierto es que esa actitud mía obedece a que no me banco la ansiedad de esperar un encuentro. Eso de decir "nos vemos el viernes" me hace sentir mal hasta físicamente y pone en riesgo los encuentros. En cambio si actuo en la cresta de la ola, en la etapa maníaca, en el momento hago cosas que de otra forma no haría.
Era un viernes de invierno a la tarde y fuimos a tomar mate a su casa (sí, en serio). Me quedé dos horas y me fuí. Reconozco que me había hecho mucho ruido que tuviera una play y que jugara con ella a menudo. Mi amiga Florencia directamente lo sepultó con el mote de depresivo cuando le conté que se había mudado hacia unos meses solo y que me había estado hablando de su tristeza por vivir solo y lo mal que la estaba pasando (justo en una etapa en que yo estaba por mudarme sola).
Al otro día quedamos en vernos. Me quedé hasta la madrugada. No teníamos mucho tema de conversación y cubrió las horas que no estábamos en la cama mostrándome fotos de sus contactos del facebook (algo que hasta entonces me era desconocido).
En la semana nos mandamos mensajes y al viernes siguiente creo que nos volvimos a ver.
Esa noche me quedé a dormir (respondiendo al reclamo que me había hecho la vez anterior).
Al otro día nos tomamos juntos el colectivo (él iba para un lado y yo para otro).
No lo ví nunca más. No sé bien qué paso en el medio. Era el día del amigo y recuerdo que me mandó un mail preguntándome si yo le había dejado un chocolate al vecino, de incognita. Le dije que no. Insistió y me recalcó que esas cosas no le gustaban. No, flaco, no fui yo. No me voy a ir de Lanus a Flores para dejarte un chocolate en la puerta y no tocarte (ni siquiera el timbre).
Después de esa vez los mails eran menos frecuentes y hasta creo que le recriminé falta de interés (y esas cosas que suelo hacer), cerrando de mi parte todo futuro encuentro. Por supuesto que no se hizo cargo (algo que con el tiempo vería que se repite en la mayoría de los hombres con los que estuve). Después vino el mensaje que lo apodó.
En fin, me aburre seguir contando ésto. Ni siquiera recuerdo qué quería comentar.
Quizas simplemente presentarles al padre Tocho (estará caminando por la sacristía?) y también contarles que no está bueno que cambien una noche con uno por un retiro espiritual (tampoco por un barco, como lo haría otra persona mucho tiempo después).
Prefiero la mentira piadosa.
La verdad del piadoso tira para atrás la autoestima
y a algunos los apoda Padre Tocho.

viernes, 11 de junio de 2010

Fix you

Me pongo la remera blanca con el sweter beige, las botas negras y la campera marrón. Mejor no. Me vuelvo a cambiar toda. Igual no me conforma. Abro la presentación uno. Abro la otra presentación. Mejor busco los datos en internet que necesito para el TP. Abro el archivo con el trabajo. Escribo dos palabras. No, mejor vuelvo a la presentación dos. Voy a almorzar temprano con mis compañeros de espalda al partido para no molestar. Me compro algo abajo y me quedo en la oficina adelantando el TP. No me cuenten chicos. Bueno sí, todavía tengo lugar?. Voy ahora. No, voy más tarde. Me quedo. Mejor almuerzo. No voy a cursar hoy. Pero si no voy hoy cómo me entero cuándo se presenta. Bueno, voy. Abro internet. Contesto los mails. Miro en youtube cosas de mundiales pasados. Busco una idea. No, mejor vuelvo a la TV Digital. Antes abro en youtube otro tema de música que encontré. Me levanto a buscar un café. Mejor como el yogurht. Tengo que terminar la presentación dos. Cuánto falta para irme? uff, las horas no pasan. El domingo no voy. Me imprimo igual el mapa para ir. Me voy a la cinco y no voy a la facultad. No sí, tengo que ir. Me quedo hasta las seis. Que garron, ya oscureció. Mejor voy a casa a hacer el TP. No, estoy pasando por la esquina de la facu. Me quedo. No, no leí nada. Ah, sabes mi nombre? Sí, sí, soy la única que no te mandó nada por mail porque no tengo nada. Es más, no creo que me vuelvas a ver. Sí, la épica del estudiante: quejosa. Break. No vuelvo. Llego a casa. Prendo la PC. Entro a escribir al blog. No, mejor abro los mails y el archivo con el TP. ¿Me baño antes? Vuelvo al blog y escribo. Mejor mañana me levanto temprano y lo hago.
Así. Así y más asíes. Constantemente asíes.
Insoportablemente así.
pd: Ensamble Alvarado-Godoy. Hermoso.

jueves, 10 de junio de 2010

Arranca el mundial

y siento que me chupa soberanamente un huevo (que por cierto no tengo).
Es la primera vez que lo siento tan así. Hoy me despedí de mis compañeros del trabajo. De acá a un mes no los veo. Buscaran todas las formas posibles para rajarse a ver todos los partidos que puedan. Y en el medio yo cursando un Seminario sobre futbol que no me genera la más mínima inquietud para desarrollar un tema posible de tesis (que debería presentar la semana que viene). También tengo que preparar un trabajo sobre la TV digital. Suena una boludez y lo es, pero no me puedo concentrar. Creo que volvió mi obsesividad y mi bloqueo habitual que suele acompañarla.
Esta mañana me encontró un corte impestivo de los empleados aeroportuarios sobre costanera. Los autos y camiones pegabanla vuelta en U, pero llamativamente no había bocinazos y los conductores de los autos que habían doblado antes me decían que pegara la vuelta porque no iba a poder pasar. Un acto de solidaridad que no suele verse en el tránsito diario. Será el sentimiento pre mundial?
En el trabajo organizaron un prode legal, pero parece que hubo posiciones encarnadas respecto a sí se debía computar por goles o por partidos ganados. De un lado la Jefa de RRHH y por el otro lado el Gerente General. El director financiero me muestra una planilla en donde armó las estadísticas y pronósticos para su prode.
Me gusta que el staff esté en las cosas importantes.
Me quejo de todo, lo sé (La semana pasada me dijeron que me falta tener gomas para ser una típica judía, pero que el resto lo tengo...¿será que mis problemas pasan por una fe reprimida?).
De todas maneras el sábado trataré de juntarme con alguien para ver el partido. No da hacerlo sola.
Y sino, Heeeeinze...que siempre está.

miércoles, 9 de junio de 2010

Días que empujan al desorden

Las cosas no por estáticas dejan de tener movimiento.
Ayer me pasaron "Somewhere over the Rainbow" cantada por Israel Kamakawiwo´ole. No conocía ni el tema original ni la versión tepongolapieldegallina que me dieron para escuchar.
Me calma, me relaja.
Mientras, espero algo triste que el que se queda o se va,
se quede o se vaya.

Tiempos en que mi estructura de pensamiento obsesiva

se fue de vacaciones.
Releyendo la última entrada me dí cuenta que se trata de eso.
Estoy en unos días en donde no estoy funcionando obsesivamente.
Es raro...pero que bien se siente!

martes, 8 de junio de 2010

Tiempos de energía dispersada

Creo que estoy en un momento en donde no puedo identificar claramente donde tengo la energía puesta. No es que no esté, pero está diluída en diferentes cosas y parece que no estuviera. Al trabajo no le dedico mucho, pero estoy. A la facultad tampoco, pero es algo que tengo permanentemente en la cabeza. A dormir solo 6 horas cada noche durante la semana ya me acostumbré. Lo bueno de esta energía desenfocada es que uno no se detiene demasiado a pensar las cosas, lo cual para mí significa estar corriendo con una gran ventaja. Por ejemplo, me dí cuenta que hace bastante no pienso en toda esta cosa de estar sola y la perorata que le sigue. Tampoco sé mucho en qué estoy pensando, porque a decir verdad no estoy pensando en nada. No me preocupa, solo me llama la atención, porque el día tiene 24 hs de las cuales 18 estoy despierta pero no puedo identificar en qué pensé en estas horas.
Bah, en realidad sí, pienso, pero cosas cortitas, por momentos, que se disuelven de mi mente al rato. Retengo poco lo que pienso o pienso disociadamente. Ni siquiera puedo sentarme a escribir en mi blog algo coherente.
Hoy me quedé hasta las 8 en el trabajo haciendo tiempo para cursar a las 9. Quería aprovechar esas horitas para adelantar con un trabajo practico para la facultad. Al final no adelanté nada. Me enganché a buscar algo en internet para otra persona y se me pasaron las horas. Ahora me arrepiento. A eso de las 7 se fue el último trabajador: el gerente general. A veces creo que vive ahí. Al verme en la oficina me golpeó el vidrio extrañado porque todavía estaba ahí. Por un instante le brillaron los ojos pensando que estaba sobrepasada de laburo y yo era una trabajadora responsable. Es un tipo que parece que disfrutara con esas cosas, creo que si te quedas laburando el se pone contento porque se piensa que todo anda bien, que el desborde de trabajo significa desborde de ventas. No, no... estoy haciendo tiempo le dije. Su cara se transformó, un poco por la desilución y otro poco porque debe haberse dado cuenta que eso significaba más horas con la PC encendida, algunos cafés más de la máquina y seguramente el uso de papel higiénico.
Podría haberle mentido, pero la sinceridad en lo absurdo (aunque suene contradictorio) nos da cierta credibilidad a la hora de ocultar lo importante.

lunes, 7 de junio de 2010

Me quedé dormida

Seis y diez corrí el despertador (o al menós eso creí) veinte minutos más y me terminé despertando a las siete y treinta. Me dí cuenta que en media hora hago lo que todos los días en una hora y media, y llegué justo a las nueva al trabajo. Igualmente es un riesgo que no quiero correr rutinariamente.
También dormí todo el fin de semana. En realidad estuve en la costa, con mi mamá en la casa de mi hermana. Pero me parece que mucho no me enteré. Conjunción de cosas físicas y psíquicas (más de unas que de las otras) hicieron que me bloqueara absolutamente en todos los sentidos. Fuí una especie de mutante que solo pude deconstruir hace un rato en la psicóloga.
Me siento un poco cansada. Tengo sueño y pensar que tengo pendiente hacer muchas cosas para la facultad en estos días me cansa más.
Hoy tuve una de esas sonrisas mías. Esas que antes salían más seguido pero desde hace mucho tiempo les cuesta salir. Esas sonrisas que me salen como de adentro y que me expanden. Me expanden la boca. Me expanden los ojos, la cara, el pecho, la respiración. Esas sonrisas de nena que surgen de lo más simple, de lo ingenuo de lo que solo es porque es. Así, como debe ser la sonrisa, pero que con la adultez a veces vamos perdiendo. Fue por un beso de dedo.
Me gusta más cuando te sonreís así.
Me sonrojo. Como si alguien me marcara una falta. Como si descubrieran mi lado vulnerable. El no pensante, el del instante. El que no controlo.
Después me acordé que mi anterior novio siempre me decía que le gustaba cómo sonreía. También recordé que en ese entonces era más frecuente que lo hiciera de este modo.
Ahora suelo sonreir pero no con toda la cara. Se mueve la boca, haciendo la mueca de la sonrisa, pero pocas veces sale tan plenamente.
Pero hoy se detuvo el mundo y el tiempo en dos segundos de un momento que me sacaba una sonrisa y me dejaba por un buen rato la estela en la comisura de los labios.
Las sonrisas se sacan, se roban, se ganan, se reciben o se brindan?
A mí también me gusta más cuando sonrío así.

miércoles, 2 de junio de 2010

Emilio o Emiliano

son dos nombres que jamás habría pensado para el pollero. Primero porque no recuerdo haber pensado alguna vez sobre su posible nombre y segundo porque ese jovén hombre que he visto durante más de diez años detrás del mostrador jamás me ha inspirado la posibilidad de llamarse de alguna otra manera que no fuera "El pollero".
No recuerdo exactamente cuando me dí cuenta que El pollero condensaba las características físicas que siempre había imaginado respecto al hombre de mi vida, esa imagen que algunas mujeres armamos desde chicas respecto al cómo será nuestro futuro marido y que por supuesto raramente se condice con la realidad.
Confieso que mientras estaba de novia, El pollero era la única persona respecto a la cual yo tenía la certeza que podría serle infiel a mi novio y hasta romper la relación si solamente se me presentaba la oportunidad. En nuestra relación nunca hubo muchas palabras: un pedido mío ("Hola, me das tres kilos de milanesas por favor") seguido de tres sistemáticas inquietudes que él tenía y me hacía saber siempre en el mismo orden: 1-"¿grandes o chicas? 2- ¿me paso o me quedo? (refieriéndose a si se excedía en el peso o no), 3- ¿algo más?"
Esas eran todas las preguntas que parecía tener sobre mí en el momento en que entraba al local en mi papel de cliente.
Sin embargo ocurría algo curioso cuando me tocaba ser una transeúnte que pasaba por la vereda: siempre, pero siempre, que iba caminando mirando las baldosas y levantaba la cabeza al darme cuenta que estaba en la zona de la pollería, por esas cosas enigmáticas, él levantaba también su vista de lo que estuviera haciendo y nos mirábamos, nos mirábamos, hasta que yo salía de cuadro y me iba caminando... yo sin mirar hacia atrás y él, atrapado en su góndola de pollos.
El último año que viví en Lanús, cada día que volvía del trabajo, me desviaba cuatro cuadras de mi camino solamente para repetir esa secuencia, hasta que un día empecé a decirle "Hola". Entonces al ritual diario de miradas se le agregaba un saludo al pasar, apresurado pero muy seguro, al que él respondía algo extrañado.
Durante todo ese tiempo trataba de no ir a comprar a la pollería, al menos cuando estaba él pues nunca me animé a atravesar el umbral y pedirle milanesas en medio del ritual. La mujer clienta no se podía mezclar con la mujer transeúnte. De él solo conocía a la familia (porque trabajaban juntos) y al hermano que trabaja en otro local (y que por esas cosas de la vida un día que fuí a renovar el registro a la municipalidad, él estaba esperando al lado mío).
Con una serie de pautas sobre qué mirar le pedí a mi madre que fuera a comprar al local y me trajera ciertos datos, a saber: si tenía o no anillo, si era o no alto y si tenía cuerpo debajo del mostrador ya que nunca lo había visto delante de él.
Lamento hija mía decirte que tu pollero es casado (tiene anillo); la mujer es esa chica que a veces está trabajando también en el local; no es tan alto como crees y por lo que pude ver es bastante culón, caderon y mujeriego como el padre.
Esa fue la conclusión de la somera investigación que le había encargado a mi madre.
Pero no me amedrentó y seguía repitiendo la secuencia, convencida de que alguna vez, mientras yo terminaba de pasar él me diría algo así como "pará", y saltando del mostrador me pediría un teléfono.
Al poco tiempo me fuí de Lanús, me mudé. Cada tanto voy a comprar milanesas al local pero generalmente nunca está.
El sábado pasado fuí y estaba. Pero también estaba toda la familia (incluída la mujer).
A él no lo había visto hasta que apareció desde el fondo del local, vestido de civil, sin su ambo de pollero. Estaba anotando algo que el padre le iba dictando porque escuché un "anotá Emi".
Ahí me dí cuenta que El pollero tenía un nombre y que nunca había reparado en esa posibilidad.
Ahí me dí cuenta que lejos de lo que me había dicho mi madre, El pollero era tan alto y estaba tan bueno como lo había imaginado.
También me dí cuenta que de cara se parecía mucho al Padre Tocho (historia que alguna vez contaré).
Y me dí cuenta que si alguna vez hubo o no conexión ya no la había más.
Que nunca me pediría el teléfono saltando el mostrador.
Que nunca iríamos a cenar.
Que las milanesas realmente habían aumentado de precio.
Y que nunca hay que romper la fantasía porque hay una única realidad y es que Emi y El pollero no tienen nada que hacer juntos.
A Emi lo ví el sábado.
A El pollero veré si lo vuelvo a ver algún lunes que vaya a la psicóloga y me desvíe solamente para pasar por su vereda.