viernes, 6 de septiembre de 2013

Carlos Calvo

No hay nada que tenga de lindo esa calle de San Cristobal. Solamente son  dos cosas las que me motivan a frecuentarla: una es la bicisenda; la otra es la sonrisa que me saca recordar cuando el loco en camioneta  nos gritaba en cada bocacalle "dale che", ese atardecer camino a casa, en que todavía no nos habíamos besado.