No hay nada que tenga de lindo esa calle de San Cristobal. Solamente son dos cosas las que me motivan a frecuentarla: una es la bicisenda; la otra es la sonrisa que me saca recordar cuando el loco en camioneta nos gritaba en cada bocacalle "dale che", ese atardecer camino a casa, en que todavía no nos habíamos besado.
viernes, 6 de septiembre de 2013
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