sábado, 26 de febrero de 2011

Por la primer letra

Mi amiga Flor tiene la costumbre de referirse a los hombres que no me hacen bien, o no queremos o simplemente que a ella le caen mal por la primer letra de su nombre. Entonces en lugar de decirme "te llamó Horacio o hablaste con Gastón" (por decir cualquier nombre) me dice: "hablaste con H o el otro día apareció G". A veces tiene sentido porque no puede hablar adelante de otras personas, pero se lo tomó como costumbre y aunque estemos hablando las dos solas los nombra así. Son como los inombrables, y como un acto de relego y negación; de darle poca importancia o temiendo que vuelva a darles importancia en mi vida, les quita la posibilidad de ser interpelados por el nombre entero.
Ayer abro mi casilla de correo y encuentro un mensaje por facebook de E, para Flor o el hombre sin registro, para mi hermana: "Como andas loca, espero de corazón que estés bien. Soy un imbécil según vos pero yo te voy a querer siempre. Besos"
Por supuesto que no lo vamos a contradecir en nada. Así que simplemente lo dejamos ahí, dando vueltas por la bandeja y le digo a Flor: "Apareció E".
-Algo querrá contarte- me dice conociéndolo tan bien como yo.
Tenemos varias hipótesis, pero ninguna me interesa, así que busco con la flechita del mouse la opción de eliminar pero no lo hago.
Cuando pienso que no hice avances en mi vida leer estos mensajes me ayudan a ver lo lejos que estoy.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Contemplo

la posibilidad de comprar huevos, muchos. Que vengan en muchas cajas. Tantas que me permitan recubrir todas las paredes de mi casa con ellas. Aislarme, no escuchar el afuera y a mi vecina hablando con Angelo. También contemplo la posibilidad de salir al pasillo, golpearle la puerta y pedirle que se apiade de mí, que tengo que estudiar. Que el resto de los días la banco, pero que justo hoy y mañana me la reme. También evaluo la posibilidad de resignar vacaciones y pagarle un pasaje (de ida) a Italia.
Mi humor se trastorna. La facultad, sabemos, saca lo peor de mí, pero si a eso le sumamos que en cualquier momento debería indisponerme (o al menos creemos) y que por eso tengo los ovarios retorcidos y las hormonas a contramano, podría afirmar que en este preciso momento soy una granada sin espoleta y de no ser que tengo que estudiar, me meteria en la cama en posición fetal, como bollito bien chiquito, me taparía con las almohadas y el cubrecamas y me ausentaría del mundo hasta volver a ovular y ya saber si tengo o no que volver a cursar.

martes, 22 de febrero de 2011

Las abluciones de Don Rigoberto o émula pura?

Don Rigoberto era un personaje del Elogio de la madrastra de Vargas Llosa. Resulta que todos los días o una vez por semana (lo leí hace mucho) este buen hombre se dedicaba a hacerse una limpieza profunda de alguna parte de su cuerpo; y el narrador contaba puntillosamente la manera en que, por ejemplo, limpiaba sus orejas.
Cuando salgo de la ducha, lo primero que hago luego de secarme es pasarme la Emulsión Dermaglos por los glúteos y cintura ($55) para evitar las estrías; sigo por la Johonnson corporal ($ 21) que me distribuyo por las piernas, brazos, hombros, pechos y espalda. Después me froto las manos para sacarme el excedente y tomo el pomito de Contractubex ($58,48) y me recubro, haciendo círculos, las cicatrícez de los lunares de la pierna y la espalda que me saqué, para evitar que se hagan queloides donde deberían estar ellos. Me limpio las manos con la toalla y paso al sector cara: en un circulito de algodon ($4,50) pongo un poco de loción de limpieza Lactofilm ($65,74) y me la desparramo por toda la cara. Espero un rato que se seque y me agrego el Dermaseb ($ 30,31), un gel nuevo que me recetó la dermatóloga para un exceso de grasa en forma de mancha roja que tengo en la cara. Termino la sesión de las cremas con un poco de Effaclar H ($93,90) y en teoría, en verano, también debería empezar a agregar Anthelios 50 ($108,40) como pantalla solar antes de maquillarme.
Sin tener en cuenta que todavía a esto le falta ponerme los lentes, el desodorante y desenredarme el pelo, podemos calcular que 15 minutos cada vez que me baño los destino a esta rutina.
También, si se trata de calcular, podemos observar que a grandes rasgos estaría invirtiendo alrededor de $ 437,33 por mes, solamente en tópicos para la piel y la estética. Casi 500 mangos para sostener la ilusión de que a la noche cuando volvamos a repetir el proceso, todo este en el mismo lugar que el día anterior.
Teniendo en cuenta que dentro de la industria farmacéutica, la clase de "protectores y emolientes" y "otros productos dermatológicos" crece a razón de un 40 % anual, entiendo que formo parte de esa cuota del sector de consumidores émulos que necesita tener el mercado para sostenerse. Esa cuota que necesita estar compuesta por hombres o mujeres jóvenes, de entre 30 y 40 años, solteros, sin hijos con tiempo e ingresos que le permiten sostener todos los días una rutina de media hora dedicada a encremarse y una desubicada inversión para no dejar rastros de la edad hasta encontrar a alguien que nos ayude a convertirnos en un consumidor materno-filial. Todo esto con una obra social como cómplice que nos cubre el 60 % de todo y que nos sujeta a un trabajo que no queremos perder por la prepaga; gracias a la cual -además- nos sacaron dos lunares y nos sumaron cuatro cremas.
Así de impune funciona, se autoregula y se reproduce el Sistema.
La soledad no es un clima de época, es un negocio.
Que manga de forros!

El Método

Suelo tener como forma de estudio el de aplicar lo que voy estudiando a la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando estaba preparando el final de Comunicación III todo era ideología, hasta un huevo. Es decir que para entender lo teórico necesito hacerlo cuerpo, práctica, aún a riesgo de forzarla. El viernes doy Técnicas de investigación, con lo cual analizo todas las posibilidades que justifiquen que el calefón se apague. Genero hipótesis, operacionalizo variables y pruebo si hay alguna relación entre ellas. Entonces observo si el flujo de agua tiene que ver o no con ésto, porque habitualmente cuando se apaga sale menós presión pero a su vez me pregunto si la presión baja porque al apagarse me deja solo con agua fría y no abre la llave de la caliente (Variable independiente o dependiente?). Descarto esto y pienso en el tiraje que quizas "no esté a los cuatro vientos", y entonces me fijo si los días de viento son los más frecuentes en los que se apaga o si ocurre cuando hay humedad y no corre una gota de viento. Pero tampoco. Entonces abro con bronca la caliente y la mezclo con la fría y por lo general se apaga, pero otras veces, como recién, se queda encendido. Así que a pesar de haberme duchado rápido antes de quedarme sin agua, me quedo con el agua abierta corriendo hasta que se apague. Y el agua corre, y el calefón no se apaga. Y entonces disfruto de su arbitraria ilimitadez y dejo que me corra por el cuerpo, y me acuesto en la bañera, y dejo que la lluvia caiga en mis pies, en las piernas, en el vientre, en el pelo y entonces me olvido de la varianza, la moda y la media estadísticas; y tampoco me importa la ecología y el derroche. Simplemente me entrego a ella como sirena dejando las variables, hipotesis y desvíos tiradas junto a la ropa en el piso y llevando conmigo solamente la certeza de la probabilidad casi nula de poder hacer esto todos los días.
Por eso me quedo hasta que me aburro o empiezo a tener ganas de hacer pis, y entonces cierro la ducha con la sensación de haber tenido un orgasmo y la incertidumbre de no saber cuánto tiempo va a pasar hasta que nos vuelva a ocurrir.

lunes, 21 de febrero de 2011

Al milagro de los besos robados

Fantaseo con la posibilidad de encontrarlo y que en el medio de la charla me robe un beso.
Lo fantaseoso acá no es encontrarlo o que me quiera besar; sino que el beso me lo tenga que robar.

domingo, 20 de febrero de 2011

Dos veces al día

no puedo evitar acordarme de Gastón el plomero y odiarlo. Odiarlo de una manera tal que solamente puede ser aprehendida en toda su magnitud por un laconchadelaloragastón y laputamadreconestecalefón, que en el transcurso de 15 minutos de baño se me puede llegar a apagar 6 veces.
Así estoy desde hace un mes empezando mis mañanas y terminando mis días, activándose una serie de ideas asociadas que me llevan al bidet desconectado; la bolsa de basura negra tapando el cuadro de baño que está sin cerámicos; el agujero que compartimos con mis vecinos; el aire acondicionado con la manguerita rota; el taparollos a punto de caerse; el equipo de música que no prende y el microondas que no gira. Todo esto reforzando insistentemente la idea de que lo mejor que puedo hacer con este departamento es mudarme.
- Alquilalo amueblado y deja toda esta mierda adentro- me dice mi amiga F.
Y no es mala opción.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Forzando mi propio límite

Estoy ahí: en ese punto en donde el año real o vital (ese que va de las vacaciones a las vacaciones) esta llegando a su fin. Necesita llegar a su fin. Ese momento en donde me convierto casi en una asesina al volante, siendo capaz de correr a un tachero porque me encerró, tirarle el auto, bajarme con el matafuego y llenarle de espuma todo el tapizado (esta es buena eh!). O esa etapa en donde agarrar un pozo desprevenida me da ganas de ponerme a llorar. También cuando cuesta mucho, más de lo normal, levantarse de la cama; cuando el fin de semana no alcanza para descansar; cuando desearía con toda mi alma saber qué otra cosa podría hacer si juntara los ovarios necesarios para abandonar la facultad y cuando veo que empieza a amanecer más tarde y yo todavía no tengo la más minima idea de cuándo y a dónde irme de vacaciones. Digamos que estoy al límite de lo sobrellevable por mi misma. En cualquier momento me abandono en una esquina y salgo corriendo antes que me de cuenta y me vuelva a encontrar.

martes, 15 de febrero de 2011

Ligeramente exhibicionista

Solía ser de esas personas que piensan que lo que no queres que se entere nadie no se lo tenes que contar a nadie. Solía ser mucho más reservada con las cosas que me pasaban a mí. Pero de golpe, y con la edad, me encuentro desnudandome con semidesconocidos y al borde. Muy al borde.

lunes, 14 de febrero de 2011

Del cuerpo y otros misterios

Hoy a la nochecita fui a patinar al cuarto dique de Puerto Madero y confirmé que hay días en los que por alguna extraña razón tenemos mucho menós equilibrio que los demás.
Cuando hacía la grulla en elongación presentía que pasaba lo mismo. No podría afirmar que exista una covarianza entre el equilibrio y el periodo hormonal femenino; pero sí entre falta de equilibrio y palo. Así que por las dudas, fui de punta a punta tres veces y me bajé en la cuarta porque era par y comparte la pe de palo, y aunque sabemos que no lo voy a poder evitar tratamos de que ese día llegue lo más lejos posible.

miércoles, 9 de febrero de 2011

El alma en Baraka

Sandra me contó que un ratito antes de enterarnos de que había muerto, le había parecido oler su perfume al cruzar la puerta de la oficina. Quería negar lo que presentía, me decía.
Mientras me lo contaba yo intentaba recordar su perfume, pero jamás me había detenido en ese detalle y no tenía ni idea de cómo olía.
El miércoles de la semana anterior a su muerte Sandra me llevó a merendar a Baraka, un bar musulman (o turco) en Palermo del que ella es habitué y con el que había ido a desayunar varias veces con él. Mientras esperábamos la hora del after office, entre cafésconleches y tostadas, nos la pasamos elucubrando sobre su historia oculta y lo que sin embargo él le generaba.
Hoy al salir del trabajo me fuí con los apuntes a Baraka a leer para el final. De pronto me enganché con los textos y solo un aroma me hizo salir de la lectura para levantar la cabeza y dirigir la vista hacia dos hombres que estaban sentados en la mesa de adelante: el perfume de Darío. Alguno de ellos dos usaba el perfume de Darío que no dejaba de entrar en mis narinas.
Sería incapáz de decir qué perfume es o siquiera describirlo, pero evidentemente en algúna parte de mis sentidos Darío sí tenía un perfume que yo reconocía y que ahora estaba ahí. Justo ahí.
Tan llamativamente ahí que decidí que dos horas de lectura ya habían sido suficientes y me fuí, deseando que él se quedara.

martes, 8 de febrero de 2011

Sexualidad 2.0

Cuando hace casi un año escribía ésto acá estaba pensando en otra cosa y no justamente en la posibilidad de que mi vecina: se pusiera internet; empezara a chatear por skype con un tano (esto significa hablando, y fuerte, como hacemos siempre que hablamos con alguien que está lejos y que además lo hace en otro idioma), con el que se habla (al menós) cada día a las 18.30 hs, justo cuando llego del trabajo y decido tirarme a dormir una siestita o relajar, y al que trata como a un novio a distancia y le dice mi amor, te extraño, te quiero ver, etc, como si se hubieran visto alguna vez; al que está buscandole trabajo acá en Argentina de personal trainner y tirando CV por todos lados, al que le miente haciéndole creer que este edificio es un mega complejo deportivo porque tiene una pileta a la que le cae agua cloacal y dos máquinas de gimnasio pedorras y oxidadas; al que le dice que ella solo hace el amor con él y que hace mucho no lo hacen (y que por suerte solo me había tocado escuchar una parte en donde ella le mostraba no sé si sus gomas o qué).
Juro y recontra juro que todo ésto no estaba en mi cabeza en el momento en que escribí que el que mi vecina tuviera internet podría ser una buena opcion; y mucho menós, pero muchísimo menós pensaba en despertarme de mi siestita de 15 minutos a la tarde escuchándola desde mi habitación (pared de por medio con la de ella) teniendo sexo virtual con el flaco y acabando.
No.

lunes, 7 de febrero de 2011

En línea

Llego, me pongo los patines, intento pararme agarrada a un banco. Bien, ¿equilibrio? más o menós en orden; ¿frenos? sí: un árbol allá, otro banco allá. Entonces el circuito es: banco- árbol, árbol- caños de elongación, caños de elongación-banco. Allá vamos. Una chiquita pasa y vuelve a toda velocidad de esquina a esquina. A la media hora me sacó los patines. Los guardo en el auto y me pongo a caminar ávida de detectar técnicas en cada rollerblader.
Al otro día me compro las protecciones: grises y buchonas. Faltó el cartel que tenga la P de principiante y la leyenda "Mantenga distancia" . Vuelvo a la zona. Me visto de Robocop, me calzo los patines y cuando empiezo a pararme una manada de rollerbladers me rodea en avalancha. Me quedo atónita, inmóvil, sin respirar deseando que no me derriben. "Vení, sumate", escucho que me gritan. No se freeenar, contesto. "No importa, nosotros te ayudamos".
Y ahí me encontré, así de simple, recorriendo las calles de Puerto Madero sobre cuatro rueditas en línea en cada pie, frenando agarrandome de alguien, y conociendo la solidaridad de los que rollean.
Insistente y aprovechando la curva ascendente de la motivación, el domingo a la mañana volví solita a prácticar las pequeñas técnicas que me habían dado mis desconocidos de los rollers.
Y de a poquito voy dando pasitos, cada vez más largos, cada vez más sostenidos.
Pasos hacia la libertad, aunque mi cuerpo (que sabemos fóbico) se resista con una contractura a dejarse llevar.