domingo, 20 de febrero de 2011

Dos veces al día

no puedo evitar acordarme de Gastón el plomero y odiarlo. Odiarlo de una manera tal que solamente puede ser aprehendida en toda su magnitud por un laconchadelaloragastón y laputamadreconestecalefón, que en el transcurso de 15 minutos de baño se me puede llegar a apagar 6 veces.
Así estoy desde hace un mes empezando mis mañanas y terminando mis días, activándose una serie de ideas asociadas que me llevan al bidet desconectado; la bolsa de basura negra tapando el cuadro de baño que está sin cerámicos; el agujero que compartimos con mis vecinos; el aire acondicionado con la manguerita rota; el taparollos a punto de caerse; el equipo de música que no prende y el microondas que no gira. Todo esto reforzando insistentemente la idea de que lo mejor que puedo hacer con este departamento es mudarme.
- Alquilalo amueblado y deja toda esta mierda adentro- me dice mi amiga F.
Y no es mala opción.

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