domingo, 13 de junio de 2010

El Padre Tocho

Le pusimos así porque la última vez que me dijo de vernos, a la media hora me mandó un mensaje cancelando la cita porque se había acordado que tenía que escribirle una carta a su hermano que se había ido a un retiro espitritual religioso.
De más está decir que no acepté el cambio de fecha ni para el otro día ni para cualquier otro día en esta vida. Las mujeres que tratan de homosexuales a los hombres cuando tienen una actitud que no les gusta no son de mi agrado, pero qué otra cosa puedo pensar de alguien que elige escribir una carta para un retiro espiritual vs. cojer?
Obviamente que no voy a decir que el tema era que no me quería cojer. No, no. Vos me llamaste chiquito, algo de ganas tenías!
Era raro. Tenía una cara muy bonita y un cuerpo que, aunque no era mi estilo, daba.
Era muy atento y parecía muy dulce. Lo conocí en un recital por medio de gente en común y después no recuerdo cómo me termino escribiendo por mail varios días hasta que quedamos en vernos.
En realidad quedé. Un viernes, mientras nos escribíamos en el trabajo, le propuse vernos en ese momento.
Justo ese día tenía el auto de mi vieja así que lo pasé a buscar por Cabildo y Juramente. Es raro pasar a buscar a un hombre, que solo viste una vez en tu vida y cruzaste un par de mails, por una esquina. Pero esa actitud a veces vende. Vende seguridad por ejemplo, de la cual en realidad carezco. Lo cierto es que esa actitud mía obedece a que no me banco la ansiedad de esperar un encuentro. Eso de decir "nos vemos el viernes" me hace sentir mal hasta físicamente y pone en riesgo los encuentros. En cambio si actuo en la cresta de la ola, en la etapa maníaca, en el momento hago cosas que de otra forma no haría.
Era un viernes de invierno a la tarde y fuimos a tomar mate a su casa (sí, en serio). Me quedé dos horas y me fuí. Reconozco que me había hecho mucho ruido que tuviera una play y que jugara con ella a menudo. Mi amiga Florencia directamente lo sepultó con el mote de depresivo cuando le conté que se había mudado hacia unos meses solo y que me había estado hablando de su tristeza por vivir solo y lo mal que la estaba pasando (justo en una etapa en que yo estaba por mudarme sola).
Al otro día quedamos en vernos. Me quedé hasta la madrugada. No teníamos mucho tema de conversación y cubrió las horas que no estábamos en la cama mostrándome fotos de sus contactos del facebook (algo que hasta entonces me era desconocido).
En la semana nos mandamos mensajes y al viernes siguiente creo que nos volvimos a ver.
Esa noche me quedé a dormir (respondiendo al reclamo que me había hecho la vez anterior).
Al otro día nos tomamos juntos el colectivo (él iba para un lado y yo para otro).
No lo ví nunca más. No sé bien qué paso en el medio. Era el día del amigo y recuerdo que me mandó un mail preguntándome si yo le había dejado un chocolate al vecino, de incognita. Le dije que no. Insistió y me recalcó que esas cosas no le gustaban. No, flaco, no fui yo. No me voy a ir de Lanus a Flores para dejarte un chocolate en la puerta y no tocarte (ni siquiera el timbre).
Después de esa vez los mails eran menos frecuentes y hasta creo que le recriminé falta de interés (y esas cosas que suelo hacer), cerrando de mi parte todo futuro encuentro. Por supuesto que no se hizo cargo (algo que con el tiempo vería que se repite en la mayoría de los hombres con los que estuve). Después vino el mensaje que lo apodó.
En fin, me aburre seguir contando ésto. Ni siquiera recuerdo qué quería comentar.
Quizas simplemente presentarles al padre Tocho (estará caminando por la sacristía?) y también contarles que no está bueno que cambien una noche con uno por un retiro espiritual (tampoco por un barco, como lo haría otra persona mucho tiempo después).
Prefiero la mentira piadosa.
La verdad del piadoso tira para atrás la autoestima
y a algunos los apoda Padre Tocho.

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