No le dije nada al año que se fue ni le pedí nada al brindis del que vino.
Por primera vez en mis 31 años me fuí a recibir el nuevo año en una quinta en Luján, con una amiga y otros conocidos. Exogamia absoluta. Decisión charlada con la psicóloga y tomada por ella como un acto de salud mental.
De nuevo me dicen en mensajes que "este año va a ser tu año", lo cual me preocupa un poco porque los últimos tres años también iban a ser mi año, pero vamos a ponerle fichas a uno que decía "más éxitos en el 2011 y si la brujita la pega, 1 más 1: DOSSSSS, que se cumpla".
Quizas algo de razón tenga: anoche cuando llegué dos eran los mensajes que me había dejado mi viejo al celular para que le avise si llegué; dos (mi viejo y mi abuela) son los que inauguraron el pire del 2011 en mi familia; dos son los días que me faltaban para ir a mi primer sesión del año a charlar sobre los costos de la exogamia (de los que no faltan, por supuesto, la figura de la hermana muerta). Anoche soñé con Eusy, un setter irlandes que teníamos, que aparecía muerto y atropellado en su cabeza por un tren. Mañana la psicóloga se hace un panzaso y más cuando le diga que el llamado del mediodía de mi padre (al que contesté de muy mal humor) incluyo algo, sobre no sé qué, del cementerio donde estan los restos de mi hermana.
Así de conchudito. Así empezó el año.
Menos mal que estaba en jurizdicción de Dios!
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