Aunque muchos creíamos que esa pregunta solamente se la podían hacer dos drogones del rock pisando los ´70 (y otras cosas), tengo que reconocer que es una incognita absolutamente valedera. Recién llovió: mal, pero recontra mal. Como suele ocurrir últimamente, pero con la diferencia de que desde hacía años (muchos) que no me mojaba de esta manera. Un poco fue a propósito y otro poco solo se dió: no es que quise tirar la postal sexy hot pero, aún sabiendo que estaba por llover, me arriesgué a salir sin paraguas. Cuando me retiraba del local en el que estaba comprando veo que el mundo se estaba viniendo abajo: las veredas al borde de inundarse; los cordones eran un río sin remanso y solo algunas personas se resguardaban bajo las marquesinas de los locales (que en breve, y gracias a Macri, vamos a dejar de tener). Y entonces me encontré haciendo la mismisima pregunta que se hicieron Pedro y Pablo hace más de cuarenta años: ¿dónde mierda va la gente cuándo llueve? Porque puedo asegurar que en una zona hipertransitada como La Rioja y Caseros, la gente no estaba. Pero no es que estaba desperdigada bajo los techos: no estaba.
Justamente hace poco había leído una observación bastante acertada sobre el tema de la lluvia y sus efectos en el orden de prioridad de la gente. Resulta que en donde debería preservar el instinto de superviviencia las prioridades se desordenan y entonces corremos escapándonos de la lluvia, cruzamos una calle inundada, saltamos un charco o una baldosa y hacemos todas esas cosas que definitivamente atentan con nuestra vida, con tal de evitar que la lluvia nos agarre. Ahora, esto de darme cuenta de que cuando se produce una tormenta la gente desaparece en tan solo minutos me hace entender por qué razón invertimos el orden de las prioridades y nos escapamos de la lluvia...y entonces Pedro y Pablo dejan de ser dos fumones para convertirse en dos visionarios de su década.
No hay comentarios:
Publicar un comentario