Prendo los veladores con pantalla roja que no sirven para otra cosa más que para ésto; acomodo algunas chalinas que tengo colgadas por la habitación; ordeno el cubrecama para que se vea enredado entre las sábanas de una manera que no sea ni tan perfecta ni tan desprolija, y que simplemente invite; hago sonar el llamador de ángeles de vidrio con forma de luna que adquirí ayer; aromatizo las cortinas con fragancia peach; me pongo un culotte con tira de cola rosa oscuro, con líneas en plateado brillante y encaje negro que me regalaron hace poco; me suelto el pelo, me miro al espejo y digo: Ya estoy lista para dormir como una meretriz.
Al fin de cuentas, todas soñamos alguna vez con ser meretríces pero de esas que a la primera vez que lo van a hacer por dinero resulta que terminan haciéndolo por amor.
Una nunca sabe cuando es ese momento, por eso hay que tener las fantasías no solamente ensayadas sino también escenografiadas.
Et cette noit je suis á meretriz.
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