martes, 25 de enero de 2011

Cuestión de hormonas

Cuando el que se queda o se va me llamaba para ver las correcciones, la sola frase "A ver R (en su formato de diminutivo), vení" me generaba los efectos adrenalínicos de no saber con qué te iba a salir; porque podía ser que se le hubiera ocurrido en ese preciso momento corregir la presentación que le había dejado en su escritorio desde hacía dos semanas hasta que me contara algún chisme laboral, entuerto familiar o simplemente me pidiera que lo ayudara a buscar por internet la cosa más insólita que se le había ocurrido. A veces también podía salirme mal y volvía con una hoja y media de cosas para hacer, pero el efecto sorpresa nunca faltaba.
Cuando La mina que me aburre tanto me llama para ver unas correcciones, en cambio, me genera un efecto anti dopamínico casi tan grande que siento que los músculos se me entumecen, la creatividad se me anula, la autocensura me aumenta junto con el letargo y me da tanto pero tanto sueño escucharla que aparentemente me duermo y al final del día no sé en qué consistió el diez por ciento de mi presentación que dice haber hecho ella.

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