martes, 23 de agosto de 2011

La Gran P

Después de varios intentos de hacer el censo de la UBA por internet para mantener mi condición de alumna vitalicia pero regular de dicha institución tomo fuerzas para acercarme a la maldita sede de Marcelo T, epicentro de la rosca más insoportable de mi facultad. Haciendo la fila en la ventanilla de alumnos escucho que a los que están antes que yo con el mismo problema los mandan a completar una hoja de empadronamiento que hay al costado, atestada de nombres, deneíes, y teléfonos que salen hasta por los márgenes. Pregunto por las dudas si con eso alcanza y me contestan que entre el jueves y el viernes tengo que intentar volver a censarme por internet. Otro estudiante que esta destrás mío avisa que hizo este trámite hace una semana y que sigue sin poder hacerlo. Tenés que tener paciencia y seguir intentando hasta que te lo tome, contesta repitiéndo impunemente tené paciencia. Paciencia. Bajo las escaleras infames de un día de la semana a las 7 de la tarde, mientras me repito Paciencia. Salgo a la calle y mientras camino hasta la esquina mascullo la palabra Paciencia. Ya cruzando la calle estallo ante mis propios pensamientos y digo: ¿paciencia hijos de mil puta? hace 11 años les tengo Paciencia! La UBA es el emporio de la Paciencia, Sociales es la facultad de la Paciencia, comunicación es la carrera de la Paciencia. A esta altura debería estar recibida en del posgrado de la Paciencia. Una cuadra después me pongo en una actitud más conciliadora y pienso que estamos a mano: otra institución me habría dado de baja la matricula 5 años atrás, que serían más o menós cuando debería haberme recibido. Paciencia Mientras espero que el jueves me suban al padrón y pueda censarme.

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