Lloro furiosamente cinco minutos, sola, en casa, mirando la tele. Como la lluvia que cayó hoy inundando la ciudad. Para algunas religiones la lluvia purifica, limpia los pecados. Mientras yo lloro los pensamientos se me acomodan, los sintomas se me hacen presencia conciente, todo se aclara y por eso lloro más. Y cuando pasa ese chaparron, esa tormenta que en mí se me hace muy difícil, viene la calma: los pensamientos que antes me generaban ansiedad ahora no me provocan nada y solo pienso en llamarlo y decirle que no nos puedo perdonar.
jueves, 6 de diciembre de 2012
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