Aunque fantaseo con la posibilidad de ser madre soltera y coqueteo con el futuro, cuando se va mi sobrina de casa me pongo a ordenar compulsivamente convirtiéndola nuevamente en una casa de una mujer soltera sin hijos. Una sola noche de dormir entrecortado y de haber visto todos los canales de dibujos me transforman en esas niñas que dan vuelta el tablero con las fichas encima porque no quiere seguir jugando. Y entonces pienso que ser madre sola es una locura y ordeno la casa como estaba antes de que entrara un niño; y también corro hasta el cjon de la mesa de luz, los cuento y respiro al saber que ninguno sobra. Porque mientras esté la cantidad que tiene que estar después de cada encuentro, sé que puedo volver a atrás cuantas veces quiera poniendo simplemente los adornos que estaban en la mesita antes de que viniera Mora.
domingo, 30 de octubre de 2011
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