viernes, 6 de mayo de 2011

Propuesta indecente

La distancia, la fiesta, el baile y el alcohol pudieron hacer que siete hombres quizas la creyeran Demi Moore. Entonces le insisten con que los acompañe un rato al casino, aunque Ella les advierta que es yeta; y que cuando entre en esa sala chica (revolucionada por el ingreso masivo y ruidoso del grupo) presencie la manera en que el hombre con el que compartía día y mes de nacimiento apostara a esos números. Un novamás la hizo mirar la ruleta y observar la forma en que se detenía exactamente en el 24, dejándola sorprendida y asustada por el azar. El resto, que jugaba a las cartas, le pedía que vaya a su lado y diga Black Jack. Ella, abrumada por el vicio de los otros y sus pensamientos sobre la violencia de género, lo dice tímidamente deseando que los empleados del casino no la pensaran copera.
Pero las cartas son buenas para la banca y Ella, que no entiende del juego pero sí entiende que está siendo complice del delirio de siete borrachos, les dice agradecerles un montón que se piensen que es Demi Moore pero que mejor se va a dormir y que ellos se hagan cargo de su suerte.
Así que se va a su habitación y cuando enciende las luces respira al ver que sobre la cama no hay ninguna vestido negro esperándola.

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