y creo, creo, que no lloré. Al menós hasta que pasé por 9 de Julio e Independencia y recordé el año pasado.
Entonces sí se me cayeron unas lágrimas al darme cuenta que está vez no podía llamarla e ir a merendar para que me contenga.
El último tiene cooola de perro. Y yo ya empecé a rascarme.
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