en forma de dolor de espalda persistente y molesto. Me encantaría dedicarme todo un día a llorar, porque si bien el tránsitarlo es triste al mismo tiempo es liberador y te deja relajada. Pero ya sabemos como soy y eso es algo casi imposible en mi personalidad rígida y omnipotente. Así que mañana empiezo mis clases de elongación...a falta de lágrimas, bienvenido el estiramiento del cuerpo y de la mente.
Tengo que adminitir que la dermatóloga tenía razón y mi cara está cambiando. Solo limpiarme con un gel. Es revelador lo que logra un solo cambio de hábito. Si tuviera un poco de voluntad, el tomar mucha agua y abandonar el cigarrillo podrían llegar a dar resultados maravillosos.
El resto sigue igual.
Debería reconocer alguna vez que en muchos aspectos soy una privilegiada de esta vida, lástima no tener la capacidad para percibirlo.
Soy una bolsa de quejas, pero es la que me tocó.
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