martes, 23 de noviembre de 2010

Los vericuetos del cortisol

Un dato curioso de la muerte de Kirchnner fue haberme enterado, entre las múltiples explicaciones médicas, que cuando estamos en visperas del comienzo de una jornada laboral, el cuerpo segrega más cortisol (creo que es una hormona) que por alguna razon nos prepara para enfrentar la actividad diaria. Ahí quizas encuentre la explicación fisiológica del porqué los domingos (en esta caso lunes feriado) me cuesta tanto dormirme. Desde hace una hora que estoy dando vueltas en la cama, sin poder dejar de pensar que mañana tengo que volver a trabajar (después de cuatro días), de todas las cosas que me esperan por hacer y de las pocas, cada vez menos, ganas que tengo. Entre ellas me reprocho por haberme involucrado en cierta actividad semilaboral de la que ahora no tengo la mínima ganas de dedicarle tiempo.
Estoy en una de esas tantas etapas de la vida en que me pregunto si lo que estoy haciendo es realmente lo que quiero. Y la respuesta no termina de convencerme del todo, con el agravante de que no encuentro algo que sea ese todo.
A veces fantaseo con la posibilidad de dedicarme a escribir (y medianamente este blog hace las veces de ese ejercicio) pero también me conozco y sé que la sola obligación de tener que hacerlo me haría odiarlo con toda mi alma.
También me pregunto qué pasaría si me dedicara a bailar, a hacer shows en fiestas bailando, y seguramente putearía cada noche que me preparo para hacerlo.
Creo que el punto está en tener la obligación de hacer algo de manera continua para vivir. Creo que me gustaría vivir en un mundo de salsa casino, donde a un golpe de palmas, cambia la actividad y hoy bailo, mañana soy oficinista y pasado mañana escribo o edito.
Sé que hay personas que logran vivir la vida de esta manera, pero este cambio de paradigma está muy lejos de mis capacidades individuales.
Me siento que no tengo ganas de ir a trabajar, que odio que llegue el lunes y espero deseosa que sea viernes, le digo a la psicólóga.
- Por fin, me contesta. Por fin te empieza a pasar lo que le ocurre al 90 % de las personas que trabajan.
Puta madre, me digo a mí misma, justo en esta tengo que estar dentro de la norma?
Empiezo a pensar en la posibilidad de irme de vacaciones de nuevo. Ya no me importa irme sola. Importa tener una excusa para tomármelas y no tener que trabajar.

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