miércoles, 24 de noviembre de 2010

Se busca un Ford Fiesta azul electrico

manejado por el hombre de mi vida.
Estaba en Lacroze, parado en un semáforo. Yo frené al lado. Sentí que me miraban y por eso giré la cabeza y lo ví.
Estaba ahí, paralizado, mirandome. No hacía ningun gesto. No movía ningun rasgo. Solo me miraba. Extrañado, como si me conociera.
Cuando lo miré sentí que el corazon empezaba a latirme rápido y mis pulmones sobrevivían con la última inspiración que había dado, sin animarse a largar el aire.
También lo miré. Inexpresivamente. Ambos nos mirábamos como si pensáramos en otra cosa pero no dejábamos de hacerlo. Nos sentí asustados.
Arrancamos con el semáforo y seguimos cerca. Mirandonos por el espejo retrovisor y por cada ángulo que nos propiciaran los reflejos.
Pasé veinte cuadras pensando en las diferentes formas en que podía inicar el diálogo, en cada semáforo, chocandolo, tirandole un papelito con el número de celular, no sé...algo, pero soy muy cobarde.
Nos separamos en Dorrego y Corrientes. Pocas veces en mi vida suspiré por un hombre con solo verlo y mentiría si no les dijera que me quitó la respiración como hace tiempo que estoy esperando que alguien lo haga. No puedo creer que dejé pasar al hombre de mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario