viernes, 1 de julio de 2011
De tejidos e inconciente
En tres años de vivir en Parque Patricios, la única vez que un vecino (que no sea de mi edificio) me saludó fue hoy, y es el joven chapista a quien le llevé el auto un mes atrás, justo al lado de donde voy a pilates.
El estaba con un amigo cuando me ve estacionar el auto, que reconoció inmediatamente como todo artista que le pone pasión a su obra.
¿te gustó como quedó? pregunta retóricamente a la distancia.
Sí, le contesto temerosamente, por saber lo que le sigue: pero lo volví a chocar...en el mismo lugar.
-Nooo, no seas mala -me dice, volvelo a traer...
En la cama de pilates me pregunto si seré mala manejando, mala porqué le hice mierda su obra de arte o mala en el modo de replicar una estrategia penelopeana que si se me hace costumbre me va a dejar en la lona.
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