Después de estar dos semanas rascandome las piernas desesperadamente, sacandome en la cama a mitad de la noche el pantalon pijama, babucha o lo que fuera que me daba tanta picazón de piernas; bañar el colchón en Lysoform; comprarme una esponja vegetal pensando que era producto de algunos pelitos en crecimiento y pasarme 9 horas en el laburo ráscandome como una sarnosa, me vengo a dar cuenta que en realidad me estoy pelando. Claro, porque a pesar de lo que parece, hace menos de 3 meses que vine de mis vacaciones, las cuales si bien no excedieron en sol sí me dieron un bronceado tímido que, sumado a mi nuevo cuidado sobre la piel basado en pantalla solar 50 + protector solar factor 20 + Dermaglos que me vengo poniendo cuidadosamente cada vez que me baño (2 veces por día), hacen que la "pelada" obligatoria de todo evento solar venga despacito, ininmutable y de a pequeñas particulas de piel, casi imperceptibles y que solo se ven cuando una se rasca mucho y debajo de las líneas rojas quedan mini puntintos blancos de piel nueva.
La desesperación es doble, no solo porque rascarme me genera más picazón sino porque en cada acto de rascarme dejo que el blanco verde oficina se apodere nuevamente de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario