viernes, 15 de julio de 2011

La vida

Tengo que reconocer que algo sospeché cuando la psicóloga respondió a mi mensaje en el que cancelaba por segunda vez consecutiva la sesión (porque estaba en medio de una gastroenteritis) con un "Ok. Cualquier cosa que necesites llamame".
Claramente ella va algo más que dos pasos por delante de mi inconciente, que ahora me grafica llegar a la sesión el lunes llorando y pidiéndole a gritos: ayudame a cambiar esta vida.

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