miércoles, 20 de octubre de 2010
Ahora hablemos de los extremos
Claro, porque resulta que hasta hoy la idea era pasar el domingo de cumpleaños metida en la cama sin asomar la nariz (y no hablo justamente de estar acompañada) pero de golpe pasé a armar un cumpleaños de unas veintipico de personas. Bien por la terapia que está haciendo sus efectos (se ve que el último temita del abandono por mi misma que quedó rechinando en los timpanos) pero ahora empecemos a tratar el tema de los extremos, porque de nada a multitud había otras opciones eh!
Lo cierto es que de golpe me dieron ganas de festejarlo con todos, y aunque va a ser trabajoso y algo agotador, es realmente lo que quiero. Los 31 los voy a cumplir lo festeje o no, así que volvamos a mis festejos multitudinarios carajo!
Después del 2006 (fecha en que mi vida cambió tan trágica como abruptamente) ésto realmente es un logro. Sobre todo pensándolo en términos de transición: el primer cumpleaños en mi departamento fue un viernes, y lo pasé cenando en casa con mis dos amigas con las cuales nos quedamos dormidas en el piso cual borrachas (aunque no lo estábamos) después de tanto peso psíquico. El año pasado me animé a festejarlo con más gente pero este año, amplié. Estoy llevando a los límites de sus metros cuadrados mi departamento y me gusta...
No voy a ocultar que Laura es como mi figura de autoridad en los festejos de cumpleaños. Me organiza lo que tengo que preparar, las cantidades y por supuesto, cada vez que le pregunto si festejo o no es la primera en decirme "Obvio", respuesta simple que de otros no sé por qué no me es suficiente para decidirme.
Como sea, alla vamos...rumbo a los 31 años y con ellos a acercarme un poco más a lo que solí ser alguna vez, hace muchos, muchos años.
Y eso incluye cargar las pila de la cámara de fotos.
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