Caminando por el shopping veo delante mío una mujer que caminaba, paraba, miraba vidrieras y seguía. Su pelo era igual. Imaginé que era ella. Jugaba a que era ella. La situación me generaba una mezcla de angustia y ansiedad. Parsimoniosamente, como si nada ocurriera, sentía que ella iba segura por tener algo de lo que yo quería. Y yo no dejaba de mirarla, detenidamente y convenciéndome de que podría llegar a serlo. Experimentando la sensación de bronca, respeto y admiración que me generaba a la vez buscaba algo, algo que me diera respuestas. Creí encontrarlas: su cola era flácida y con el andar se movía.
Ahhh, me tranquilicé, debe ser por eso...
Entonces apuré el paso para tratar de verle la cara.
Pero no era.
Tampoco le encontré sentido a buscar las respuestas en una cola.
Ojala las preguntas sobre el amor se respondieran así de fácil.
sábado, 30 de octubre de 2010
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