Me puse el despertador temprano para encarar el tema que postergo hace tiempo: terminar mi baño.
En vistas de que el oficio de plomero está en decadencia y no aparecen, decidí que no me queda más opción que intentar resolverlo yo. Fui a 2 ferreterías, un corralón y dos casas de sanitarios. Parece que el tema del vástago es algo muy delicado y requiere esfuerzo, empeño y maña hallarse con el indicado. Siempre fantaseo con lo que les genera a los empleados de estos lugares que entre una mujer a pedir cosas que habitualmente piden los hombres; y de hecho coincido con ellos en que debería pedirlo un hombre y no, yo, una mujer (salvo en las ferreterías, que cada vez son más las que son atendidas por mujeres. Debe ser el rubro con mayor apertura de género que hay dentro de todo este grupo de cosas para el hogar que no sean limpieza, comida y electrodomésticos). Para hacer la explicación más gráfica me ayudé de unas fotos que llevaba en el celular sobre la pieza en cuestión que cada uno miró con atención.
Mientras buscaban el vástago que mejor me fuera, miraba las demás piezas y me preguntaba por qué no podía tener la suerte de tener una pareja que hiciera eso por mí. Por momentos imaginé porponerle al empleado que sea mi marido. ¿Te va? Pero a su vez soy conciente que todos nacemos de cero, los bebes en las nurseríes no saben de vástagos, así que no hay razón por la cual la cultura le reserve esa habilidad solamente a los hombres (los cuales, de más está decir, cada vez son menos duchos con estas cosas).
También compré pastina, para ponerle a los cerámicos y agujeros que me dejaron; tornillos para amurar el bidet, y un sellador de alta temperatura para la salida del calefon.
Con todas las cosas en el baúl, decidí ir a dar una vuelta por Santa Fé para comprarme ropa y sentir que aún soy mujer. Pero parece ser que cuando una estuvo toda una mañana entre extensores estriados, con cabezales de 22 milimetros y pastina color champagne, conseguir algo que nos haga sentir sensuales es complicado. Así que me volví sin comprar nada y a las puteadas por saber que ahora que tengo todo el material tengo que ponerme a trabajar.
Cosa de mujeres solas, claro está. O al menós, cosas de mujeres solas que no tienen los ovarios suficientes para ponerle voz de bebota sensualmente idiota a cualquier tipo que nos cruzamos por la vida y decirle "Ay, podrías venir a arreglarme el baño?" Debería aprender que pedir no es rebajarse, si eso nos permite pintarnos las uñas mientras un hombre está en nuestra bañera luchando con el vástago.
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