domingo, 26 de junio de 2011

Charlas de baño

Cuando éra chica y vivía con mis hermanas las charlas en el baño, cada tanto, eran algo que se daban y me encantaban. Mientras alguna se bañaba, la otra se sentaba en la tapa del inodoro y hablábamos sobre temas que quizas no podían esperar a que una terminara de bañarse. O quizas era también esa sensación de intimidad que daba la puerta cerrada y el ruido del agua cayendo que amortiguaba los sonidos de las palabras que se decían. Pura fantasía, claro está, porque sabemos que el baño tiene una acustica particular que hace que desde afuera se escuche mucho más fuerte.
A veces aprovechaba para depilarme, o sacarme los pelos encarnados con una pincita. Otras veces simplemente me cortaba las uñas de los pies apoyandome en el bidet o me miraba al espejo.
La mampara nos daba la posibilidad de compartir esos espacios sin violar la tan burguesa privacidad de nuestros cuerpos. El ritual empezaba en el antebaño a la espera del "ya podes pasar" y terminaba con un "bueno, salgo" que le ponía fin a la conversación.
Quizas sea esa práctica la que condicionó que las cortinas de baño transparentes me molesten y que la de mi casa sea completamente cerrada. Aunque viva sola nunca sé cuándo voy a poder compartir una charla de baño intima, como la otra vez, en la que me encontré sentadita en el inodoro, con los pies sobre la tabla, hablando de bueyes perdidos y recordando aquellos días con mis hermanas aunque ahora el bueno, salgo ya no era necesario.
Después de todo lo había desvestido yo.

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