Esa que suena en el momento menos inesperado e inoportuno, como lo es en la siesta. Y te veo ahí titilando, desde abajo de las frazadas, sin sacar una mano, de reojo, dirimiendo entre hacer el esfuerzo y atenderte o dejarte pasar.
Y te dejo pasar, al igual que vos hace exactamente un mes, cuando se suponía que me ibas a llamar.
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