Mirá que oportuno que es cursar en el mismo horario que cursas vos, por decirlo de algún modo; y son nueve menos cuarto y un trueno irrumpe la clase avisando que afuera llueve a cantaros; y la clase termina nueve y dos, cuando podríamos encontrarnos; y jugar a que no nos conocemos mucho, o tanto, o tan poco y caminar juntos disimuladamente. Son unos metros nada más; y atravesar el umbral repleto de personas decidiendo si mejor esperar o afrontar; y nosotros salir corriendo hacia el mismo lado para no mojarnos; y subirnos al auto diciendo "qué tiempo loco"; y entonces preguntarnos que cómo nos fue y pensar qué puede haber en mi heladera para cenar o qué nos vamos a cocinar; y entrar a mi casa y elegir quién se ducha primero y quién cocina mientras tanto; y cenar, mirar algo de tele y tomarnos un té porque la noche lo amerita; y dejar los platos así porque estamos cansados; y meternos en la cama juntitos, abrazados, apiernados, escuchando llover; y dormirnos pensando en las multiples excusas para mañana no tener que levantarnos a las seis...
Qué lindo hubiera sido y que absurdo es que vos te estés mojando volviendo a tu casa y yo ya esté en la mía, pensando en lo rebuscada que es la vida que me encuentra escribiendo en un blog cuando podría estar durmiendo la lluvia abrazada a vos, sí de mí -y estas oportunidades- solo dependiera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario