Chateando con un amigo le relato lo que estoy haciendo: viendo de refilón Sex & The City, pintándome las uñas y leyendo un blog. A lo que me contesta "dentro de unos años vas a estar durmiendo al nene, cocinandote algo y lavando ropa. Aprovechalo ahora".
(Aclaro que mi amigo está en la misma situación que yo: léase solos).
Y justo antes de escribirle eso venía de lavar los platos y de pensar en eso: quién puede quejarse de este momento? quién querría canjear la posibilidad de disponer 100 % de su tiempo por repartirlo entre varias personas? Es verdad que el momento que estoy viviendo es único, inigualable e irrepetible. El tema está en que uno no sabe si es finito. Es decir, la posibilidad de la infinitud es lo que nos hace no poder disfrutarlo porque la duda es ¿y podré tener todo eso alguna vez?. Digamos, si hoy alguien me asegurara, pero me lo afirmara posta, que yo en unos años voy a estar con marido, hijos y una familia Ingalls conformada, te juro que esta etapa te la disfruto a pleno y no me quejo más de nada. Ni siquiera de ser la única para sacar sus propios pelos de la rejilla de la bañera. Pero la incertidumbre...
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