8.30 hs: reunión mensualmente ordinaria y puntualmente hoy extraordinaria.
10.30 hs: 6 sanguchitos de miga no logran compensar la garchosa reunión en la que estoy.
11.50 hs: pasajera en tránsito (no libre). Aprovecha oportunidad y retira estudios médicos.
12.50 hs: aterriza en oficina habitual.
12.55 hs: va al baño, prende la pc, ficha y se va a almorzar a la terraza del choping soleada
14.00 hs: vuelve a oficina soleada traslasventanas y se encuentra con un nueva carta documento en el escritorio
15.00 hs: se va a una mini reunión con un final previsible: otra reunión agendada.
16.30 hs: vuelve a su hibernadero y chequea mails.
17.00 hs: trata de coordinar encuentro festivo de mañana que la ubica en rol de anfitriona (rol que no le sienta para nada)
17.30 hs: después de pedir listita de lo que hay que comprar, toma sus petates y emprende regreso.
18.20 hs: llega a su casa (afortunadamente temprano). Recibe halagos en el hall. Gracias.
19.00 hs: escribe en su blog
19.20 hs: va a hipermercado que no suele ir a comprar listado de cosas para desempeñar su papel de anfitriona con éxito.
20.30 hs: se aburre y da por finalizada la lista con solo la mitad de los elementos.
21.00 hs: regresa a su casa y en tres viajes sube las bolsas de las compras.
21.30 hs: habla con la madre. Luego con la hermana.
22.40 hs: sigue escribiendo una entrada intrascendente en el blog con el único fin de no hacer todo lo que todavía tiene que hacer (bañarse, cocinar, planchar, ordenar, barrer, limpiar...esto último para que mañana esté todo listo).
Así se pasa alguien como yo, por ejemplo, el día.
Todo esto enmarcado en un cansancio extremo originados por las hormonas y el momento del mes en que estamos.
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