domingo, 22 de agosto de 2010

Hola, para los que no me conocen

mi nombre es fulana de tal, trabajo acá hace más de cuatro años...nuestros productos facturan ésto y estamos en este lugar (...) lo que venimos haciendo es ésto y lo que vamos a hacer es (...) ¿Alguna duda? Les agradezco la atención"
15 minutos de charla el martes a la mañana y 15 minutos a la tarde. Mañana tengo que ir a Rosario hasta el martes a la noche solo por eso: media hora de algo que no le interesa a nadie (porque vamos... no son mi target pero a alguien se le ocurrió que esto es políticamente correcto).
Honestamente preferíría tomarme un micro en Retiro, clavarme los auriculares, dormir sin culpa, viajar 4 horas pero tener la esperanza que entre la ida y la vuelta quizas conozca a alguien que nos expanda a la vida por fuera de nuestro tupper.
Lamentablemente viajo en el auto con un compañero al que le gusta hablar mucho, o al menos cree que es obligatorio hacerlo, y una compañera con la que no crucé más de diez palabras en mi vida (las cuales me anoticiaron de que la flaca no es un robot).
Mierda, mierda, mierda.
Solo me queda a modo de esperanza ser lo suficientemente estratega para asaltar el asiento trasero en el momento de elegir ubicaciones y transitar las 3 horas que nos distancian de Rosario aislada y con la leve esperanza de cagarme en la mirada de nuestro compañero conductor, reflejada en el espejo retrovisor, diciéndome constantemente "pedazo de hija de puta, mirá como me cagaste".

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