lunes, 16 de agosto de 2010

Adicciones

Y resulta que un día alguien te cuenta que su cuñada tiene un blog y te pasa la dirección. Y empezas a leerlo. Y lo seguis todas los días. Y empezás a chusmear los blogs que sigue. Y te metés en esos blogs con frecuencia. Y entonces empezás a leer para atrás todo lo que escribieron. Y empezás a conocer a personas que jamás conociste ni conocerás por afuera de lo que escriben. Pero sabes qué hicieron hoy, qué ayer y qué van a hacer mañana. Y te pasas horas y horas leyendo. Días y días. Aprovechas cada momento para ver qué tienen de nuevo para contar. Y te expandis a nuevos blogs. Y abris tu propio blog. Y te encontras adoptando ciertos modismos a la hora de escribir. Y te sentis identificada en las vidas de esas otras personas. Y te das cuenta de que no sos única ni diferente. Y te divierte. Te divierten las múltiples posibilidades que tiene uno sobre el hacer de la vida. Y te expande a nuevas historias y perspectivas, a conocer un mundo sin por supuesto emitir una palabra ni socializar (algo que a esta altura, sabemos, nos cuesta bastante).
Saramago se habría hecho un gran festín si le hubiera entrado a la era del blog unos años antes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario