tengo notebook. Ahora sí soy una jovén mujer moderna.
Finalmente llevé a cabo una idea que tenía hace tiempo: comprarme una notebook y sacar todo el aparatoso kit de computación. Atraída por la tecnología sin cables y el mundo 2.0 e influenciada por mis blogueras anónimas, esta tarde me fuí a Falabella a comprarme la ansiosa modernidad. Simbolo de la practicidad y el mundo de los émulos.
Tengo que reconocer que no estoy segura de haber hecho la mejor compra. Me adentré al emporio verde manzana con la idea de comprarme cierta marca a cierto precio y terminé comprandome incierta marca a precio un poco salido de lo pensado pero dentro de las posibilidades de lo ubicado. Lo cierto es que a mi amateur actividad de diseñadora (que honestamente no ejerzo en casa) no le venían bien las máquinas que había pensado así que tuve que decidir por algo un poco más grande. Cuando hablo de grande no solamente me refiero a capacidad de memoria y todas esas cosas sino a tamaño también. Realmente esta notebook tiene muy poco de portátil. Me resulta impensable imaginarme en un bar como había fantaseado, ejerciendo el verdadero arte de bloggear la cotidianidad sin límites, pero de todas maneras no creo realmente que lo hubiera llevado a cabo alguna vez.
Lo cierto es que ahora me encuentro con mi nueva máquina. Soy un poco exigente, lo sé, y ya pude observar que le sobran unos diez centimetros de ancho, tanto de pantalla como de base. No sé por qué, el teclado está muy arriba, lo que me dificulta bastante escribir sin contracturarme. Digamos que las técnicas de mecanografía en esta máquina no sirven mucho, porque donde se supone que debería tener la barra espaciadora tengo una plataforma plateada para apoyar quién sabe qué (no las manos, claro está). Será cuestión de acostumbrarme, y mientras tanto hacer la transición con el teclado de la maquina vieja (o al menos tenerlo de reserva) para cuando tenga que hacer mi tesis o trabajos.
En fín, me doy cuenta de que nada me satisface: soy una insatisfecha crónica, así que relativicen mi blog cada vez que lo lean.
Otra cosa. Me dí cuenta que me da culpa gastar.
La vida de pequebú no es fácil.
La de mujer moderna tampoco.
(Menós mal que soy alérgica, porque el paso que le seguiría sería el de tener un gato)
No hay comentarios:
Publicar un comentario