martes, 25 de mayo de 2010

Al pan, pan y al vino, vino

El pelo me quedó definitivamente más oscuro y corto de lo que esperaba. Evidentemente un corte saludable para el pelo no es lo mismo que para mi autoestima.
Fuí al supermercado, tarde. Y después se me ocurrió ir al Easy que está en Palermo porque quería dejar en la tintorería que hay ahí una campera de gamuza que tengo para llevar a limpiar en una bolsa en la silla del living desde hace un año.
El supermercado quedaba en Boedo e Independencia. Fui hasta Av. La Plata, crucé Rivadavia, llegué al Parque Centenario y empecé a buscar Juan B. Justo.
Iba escuchando la radio, entretenida mirando la gente, las casas. Contenta. Me parecía que no tenía mucho sentido ir a esa hora pero no tenía nada mejor que hacer.
En la calle había bastante gente y los negocios estaban abiertos a pesar de ser feriado. Me dí cuenta que cuando hay dos feriados juntos uno oficia de sábado (el primero), con lo cual el circuito comercial funciona con el ritmo de sábado. Mañana calculo que todo estará muerto como domingo.
Miré barrios, tomé calles que me sonaban pero quizas nunca había tomado.
Agarré Medrano, Rocamora, Mitre...Rivadavia...¿¿Rivadavia?? Cómo? No la pasé hace quince minutos en otra altura? A Rivadavia le seguió Belgrano y después Independencia.
No tengo ni idea qué hice. Pero estaba yendo exactamente al revés de donde quería ir. El auto me llevaba de nuevo a casa.
Lo dejé seguir, por las dudas vió.
Si la religión es el opio de los pobres, el destino es el opio de los indecisos.
Fin de salida.

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