Despertarme a la madrugada con un dolor de ovarios tan grande que no me permita levantarme de la cama para ir hasta la cocina a tomar un antiinflamatorio.
Estar agotada, deshausiada, contracturada y con ganas de llorar y no encontrar un abrazo a mano.
Eso, cosas simples.
Cuando estamos vulnerables la soledad se hace presente en toda su magnitud.
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