El tránsito no fue fácil (el vehícular tampoco). Hasta la tarde el dolor de cabeza de ayer me persiguió. Llegué al trabajo y boye, boye y boye en un mar de algo que era ¿de qué se trataba ésto?. Poco ritmo. No entendía mucho. Se ve que estos días el estudio me tomó tanto, al punto de sentirme extrañada de mí misma cuando hoy retomaba mi vida. Alienación. Qué loco reencontrarme conmigo en el lugar en que Marx me dice que más enajenada estoy. Entonces me acordé de hace un mes cuando regresé de las vacaciones. Desde hace un mes entro y salgo, entro y salgo. Entro y salgo del país, entro y salgo del estudio, entro y salgo del trabajo, entro y salgo de mi casa. La vida es eso, un umbral que se atraviesa constantemente.
En un rato salgo de mi casa para entrar al auto, del que tengo que salir para entrar a la facultad de la que después de dos horas saldré para entrar al auto y salir para entrar en mi cochera y salir para entrar al ascensor del que saldré para entrar a mi casa nuevamente y así circularmente. En el medio, transitamos.
Vivir es atravesar un umbral. Nacer y morir. Entrar y salir.
Salgo... pero en un rato vuelvo a entrar!
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