Hace dos horas estaba por entrar al blog a contar otra cosa, pero en el medio vino mi mamá.
Otra vez los muertos. Otra vez los recuerdos. Las ausencias con presencia que no dejamos que se vayan. Decisiones a tomar. Qué hacer con el piano, qué hacer con ésto, qué hacer con aquello. Los espacios chicos, las realidades que no son las mismas. La historia que avanza pero se queda anquilosada en algun lugar sin posibilidad de ser reinscripta. Todo un tema. La imposibilidad de desprendernos de lo material como si con ello se fueran los recuerdos y las personas.
Si me pongo a pensar materialmente 26 años de mi vida están reducidos a una bolsa en la parte alta del placard (que aún no puedo ni abrir), un juego de living en mi departamento, junto con un acordeon, un bombo y una lámpara que aún no logré poner en funcionamiento.
Eso es lo que a simple vista parecería que me quedara materialmente de mi otra vida.
Claro. Ahí está la clave: lo material. Lo no material es lo que soy hoy y lo que me cuesta seguir siendo. Es que no hay dos vidas. La vida es una con un suceso de momentos , que se encadenan, que se pisan, se sobreinscriben, se anquilosan.
Me trabo. Me paralizo. No lo puedo digerir. Hoy no quería hablar de estas cosas. Hoy no quería escuchar, hoy no quería remover la cajita de recuerdos.
Pero esta es otra de las cosas de la vida: las situaciones a veces nos interpelan en los momentos en que no estabamos preparados para recibirlas.
Hoy no era mi momento, aunque de ésto se trate.
domingo, 2 de mayo de 2010
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