Imaginemos que el martes no tengo parcial; imaginemos que no me falta leer la mitad del material por primera vez (es decir, ni subrayado); imaginemos que no mandé un msj desesperado pidiendome el día de mañana; imaginemos que no tengo el cuello duro y un ojo mocho de la contractura al punto de generarme sensación de naúsea; imaginemos que no lavé ropa con un tissue adentro y ahora tengo pedazos de él pegados en toda la ropa.. y en el piso; imaginemos que no tengo que planchar para vestirme mañana; imaginemos que no estuve todo el finde adentro (con las excepciones de la lámpara y la plaza); imaginemos que no fui poco inteligente con el método que elegí de lectura; imaginemos que mi casa no tiene tan poca luz y que no tengo en la mesa del living conectado el velador de la habitación para poder identificar las letras; imaginemos que no sé cuando termina todo ésto porque aún no pregunté que me depara de la otra materia que curso.
Imaginemos qué sería de mi blog si imaginaramos todo esto? Seguramente no existiría. Un relato necesita conflicto.
Mi conflicto ahora es que mi jefe no me contesta el msj. Presiento que me está sancionando. Sé que lo leyó pero no dió respuesta aún. No le modifica mucho que no vaya mañana pero no quiere que las tenga todas. Exigencia. Lo compadezco pero no lo justifico. Es hijo de médico. Está en sus genes familiares, como en los míos. Tenes que poder más. Cómo que te cuesta estudiar? No queres, vos sos inteligente eso sí, no te la vayas a creer. A mis otras compañeras las protege, a mí me exige. Siempre algo más. A veces creo que soy como su alter ego. Me cercena la posibilidad de claudicar. Y yo que me lo asumo respondo a su exigencia, que potencia la mía y se la devuelvo. Así vamos por la vida laboral exigiendole al otro lo que no puede cada uno y haciendonos notar la falta. Actuamos el hecho traumático, la presión del hijo de médico, la neurosis familiar hecha costumbre.
Sigo leyendo. El silencio me indica que mañana tengo que ir a trabajar.
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