Cuando digo nada, digo nada de nada. Ni siquiera reflexiones. Me habrá abandonado mi cabeza? Se habrá ido a algun lugar hiperconcurrido en estás mini vacaciones patrias. O quizas esté en la 9 de Julio festejando el Bicentenario.
Mi cuerpo en cambio fue a la peluquería. Sí, había que darle un corte a las canas. También al pelo.
No sé si estoy conforme o no. Me miro al espejo y no me inspira nada. Solo la tranquilidad de saber que por un mes le gané a las malditas hijas de puta.
La peluquería queda en Castelar. No voy a explicar por qué llegué ahí. Es lo único que conozco de zona Oeste. El resto es el lejano.
Me tira el colorista. Muy poco convencional. Un flaco de no más de 25 años (o quizas 26 o 27), con rastas, tatuajes y una forma de ser muy dulce. El dice que se metió en la peluquería por vago. No quería laburar y ahí encontró la combinación perfecta. No le pagan mucho, tampoco lo joden, y a las mujeres más o menos les tomó la mano. Que paz. Estuvimos hablando como una hora mientas esperábamos que la tintura me tomara. Hablamos de las bandas de música, de la vejez y de las cosas que ya no nos bancamos. Le conté un poco de Cuba (me dí cuenta que cuando me preguntan del viaje no tengo mucho que contar...y me siento una reverenda idiota en ese momento) y no mucho más.
Me mudé hace dos años a Parque Patricios y todavía tengo un circuito comercial exógeno al barrio. La depiladora en Lanus, el peluquero en Castelar, las milanesas de pollo también en Lanús (porque me gusta el pollero), en fin cosas de género. Creo que las mujeres somos las únicas que mantenemos en el tiempo lealtad y fidelidad a nuestros circuitos de consumo. Debe ser por eso que somos el segmento preferido por quienes luchan en captar las marcas.
Me parece que me voy a dormir una siesta. Es el primer fin de semana en mucho tiempo que puedo disponer de mi no hacer nada sin culpa. Voy a aprovechar.
Reconozco que en este momento me arrepiento por no tener tele en la habitación. La cama y la tele podrían ser una magnífica combinación esta tarde gris. La tele y el puf no son tan buenas. Sillón no hay.
Tengo ganas de socializar nocturnamente estos días. Vamos a ver qué invento y en dónde puedo rascar meeting.
Rascar. Eso ya está más complicado.
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