sábado, 15 de mayo de 2010

Pocas ideas

Escribo para no perder el hábito, pero honestamente no tengo mucho que contar. O más bien, tendría mucho que contar pero hoy no siento la habilidad para hacerlo coherentemente.
Estoy dedicada al estudio (dedicada a mi forma, se entiende) así que lo más interesante que hice en el día es llevar a arreglar la lámpara. Después de un año de parálisis lamparil la tomé, agarré sus partes desperdigadas por ahí y la llevé a la casa de electricidad.
Extraño un poco al no verla donde solía estar. Espero que quede como quería. La dejé confiada. Es un comienzo. Después decidiré por dónde sigo.
Tengo un ojo que me duele. Me saqué los lentes. Voy a darle un respiro por un tiempo. En realidad los anteriores los tiré, tuvieron poca vida pero muy intensa. Anoche lo pensaba..claro, se bancaron la presurización y despresurización del avión, la arena, el sol y millones de letras que leí para el final. Tienen mucha presión mis lentes: las imágenes que vienen de afuera y mi mirada que los acorrala desde adentro. No es tarea fácil. Se merecían sagrada sepultura o lo que es más apropiada una buena tirada de inhodoro, que es el cementerio de todos mis lentes. Prefiero que sobrevivan en aguas desconocidas, que secos y quebrados en el tacho de basura.
Me mandaron un mail desde el taller en donde hice mi intento de baile el jueves, reconociendo que quizas ese grupo no era el más apropiado para mi y ofreciendome tomar otras clases con grupos de una edad similar. Buen detalle.
Hablé con cada uno de mis padres. Escucho enojos. Mi madre creo que siente que me olvidé que se cumplió la fecha de la muerte de mi abuela porque no se lo deslicé de ninguna forma (ni siquiera conteniéndola). Mi padre, es el segundo fin de semana que lo siento levemente agresivo conmigo, siempre en el mismo tema: que le oculto información porque siempre le digo un "no sé qué pasó" en lugar de detallarle las peleas familiares. "No te hagas la pelotuda" en otra persona sería natural; de él suena levemente molesto. Uno se queja porque no nombro su malestar y el otro se enoja por ocultar. El que no puede nombrar se enoja porque no nombro y el que no quiere contar se enoja porque no cuento. Así de líneal. Así de sintomático. Lamento padres, ya no quiero ser la hija que soñaron porque aún pudiéndolo ser nunca lo habría sido.
Qué más? qué más? Nada. Un sábado indiferente.
Hace días estoy tentada en comer pizza pero no me la pido porque me da paja bajar a abrir. Ya suena cuasi fóbico lo mío.
La última vez que pedí vinieron en el medio de un garche. Tardé como 15 minutos en bajar y el flaco con mala onda me preguntó si estaba durmiendo. Tenía la ropa desalineada, ojeras y un olor a latex impresionante. Dos pesos de propina alcanzan para que te calles? Sí, el silencio se compra a veces.

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